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Seguimos en un nuevo domingo de la Pascua escuchando las palabras de Jesús en su ultima cena... palabras cargada de preocupación para que sus discípulos puedan sobrellevar el drama de la pasión y muerte del Maestro, puedan entender el misterio de la resurrección y ser testigos del Evangelio que tuvieron la dicha de escuchar. El intenso anuncio de la paternidad de Dios que escuchamos el pasado domingo y que parece volver otra vez en las palabras escuchadas hoy guarda una promesa mas: el Espíritu de Dios.
“Dios es Espíritu” escuchamos decir por Jesús en su encuentro con la mujer de Samaría que acompañó nuestra cuaresma. Por cuanto invisible el Espíritu que es Dios por el fiel judío no es algo abstracto sino algo que se conoce en lo que hace. La primera mención del Espíritu de Dios en la Biblia está en el relato de la creación en el segundo versículo de toda la Biblia cuando se dice que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas... aleteaba o cernía según otra traducción: un espirito activo, fecundo que engendra, protege y alienta la vida. Me permití esta amplia premisa porque la primera mención del Espíritu que Jesús nos ofrece hoy es un Espíritu Paráclito que podríamos traducir como “el que no deja solo” o “el defensor”. El Espíritu que es Dios es Dios en cuanto aliado con nosotros. Es Dios que – dice Jesús – permanece con nosotros y es un Espíritu de verdad o sea quien puede desvelar nuestro rasgos mas lindos y autenticos. Lo escuchamos en forma muy muy clara el pasado domingo Jesús está en el Padre. El Espíritu es Dios que nos recibe en la relación del Padre-Dios con Jesús su hijo. El Espíritu de la verdad es Dios que nos devuelve a nuestra verdad:y nuestra verdad es ser hijos de un Dios que es Padre así como su hijo Jesús lo hizo conocer.
En estas alturas del anuncio de Jesús no perdemos el punto de partida: el Espíritu que es Dios vive en sus efectos. Justo en el corazón de la pagina Jesús anuncia su resurrección: Yo vivo y también ustedes vivirán.
Jesús pastor bueno – como escuchamos hace dos domingos – llega por medio de una puerta que lo hace confiable pero Jesús es al mismo tiempo la puerta misma.
Jesús hijo amado es vida, vive y vivirá para siempre en su resurrección pero al mismo tiempo se transformará en la vida para todos.
Les invito que quedemos en la contemplación de esto. Dios en nosotros y nosotros en Dios.
Jesús va repitiendo reiteradamente lo mismo por lo tanto les invito a recorrer de vuelta la pagina escuchando cada anuncio de Jesús como una puerta sobre esta presencia de Dios en nosotros y de nosotros en Dios. Ojalá que este domingo mas de la Pascua nos deje renovada la conciencia de esto.
Cuento 8 repeticiones de este anuncio:
- PRIMERA: el Espíritu que no nos deja solos y que nos defiende, como expresado por el título paráclito, es fruto de la oración de Jesús o sea de su relación con el Padre. Nosotros también por medio de la oración podemos hacer presente y hacer eficaz el Espíritu que es Dios que no deja solos y defiende. Cuanto estamos viviendo esto en estos días de alejamiento.
- SEGUNDA REPETICIÓN: El Espíritu es verdad y podemos conocerlo porque permanece y el verbo permanecer nos evoca aquella morada de muchas habitaciones que Jesús prometió como lugar de la compañía del Padre.
- Este permanecer del Espíritu será el camino de la vuelta de Jesús: volveré a ustedes... (TERCER ANUNCIO DE CERCANÍA)
- Volverá como el viviente que comparte y dona vida así como una fuente de agua abundante dona agua hasta de sobra. (CUARTA REPETICIÓN). Esta demasía se hace mas clara en la
- QUINTA REPETICIÓN: La vuelta de Jesús será la oportunidad para comprender que Jesús está en el Padre-Dios y que nosotros por medio de Él estamos en Dios y por lo tanto en el abrazo de los tres: Espíritu, Hijo y Padre-Dios
- Todo esto no es algo cerrado en si mismo, algo lindo que queda en nosotros sino algo que está llamado a desparramarse. Por eso en el SEXTO ANUNCIO Jesús habla sobre los mandamientos: la ley del amor que venía anunciando, mandamientos que son y serán el reflejo del amor que fluye desde Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Dios.
- Y por fin... una vez mas en las SEPTIMA posición – por lo menos en mi intento de lectura – en la posición de la plenitud: un Dios que es amor que ama a los que le aman: el que me ama será amado por mi Padre.
- El anuncio se escucha repetido el que me ama será amado por mi Padre y Yo lo amaré... Jesús espejo fiel del amor del Padre es al mismo tiempo la plenitud y el infinito del amor del Padre (como sugiere la octava y ultima repetición de la presencia de Dios con nosotros). Su pasión triste y sufrida revela la medida sin medida del amor y lo abre al infinito.
Estamos en frente a cosas tan alta que pueden asustarnos. Descanso en un ejemplo de sabiduría de Santa Teresa del Niño Jesus (joven francesa del siglo XIX):
Yo bien poca cosa puedo hacer, o, mejor, absolutamente nada si estuviese sola. (...) En efecto, el cero por sí solo no tiene valor, pero colocado junto a la unidad se hace poderoso, ¡con tal de que se lo coloque en el lugar debido, detrás y no delante...! Y ahí precisamente es donde Jesús me ha colocado a mí, y espero estar ahí siempre...
Espíritu es Dios que nos coloca detrás del uno que es Jesús para que el amor del Padre sea reflejado en nosotros y en todo.
Dejemos que el Espíritu coloque nuestro cero detrás del uno y único Jesús.
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