domingo, 10 de mayo de 2020

HOMILÍA: quinto Domingo de Pascua (Juan 14, 1 - 12)


En doce versículos tomados de los discursos de adiós pronunciados por Jesús en la ultima cena, en doce versículos, doce veces aparece la palabra Padre: once veces en los labios de Jesús, una vez en el pedido de Felipe. El domingo que vivimos nos invita a contemplar la paternidad de Dios. 

Pasamos por arriba dos criticas a la paternidad de Dios – tan central en el anuncio de Jesús – dos criticas que tanto espacio tuvieron en el ultimo siglo. 

Primera critica: decir que Dios es padre no excluye que sea al mismo tiempo madre. Ya el profeta Isaias lo había entendido muy bien: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! (Is 49,15). Y muchas otras citas confirmarían cuanto no falte la imagen materna para hablar sobre Dios. 

Segunda critica: tristemente no faltan ejemplos malos de padres que por lo tanto hacen el título “padre” algo por si mismo dudoso. A esta critica aún mas fuerte que la primera podemos responder haciendo nuestro el deseo del apóstol Felipe: cuando decimos Padre para dirigirnos a Dios mucho mas que nuestras ideas e imágenes de padre que – por cuanto buenas – son limitadas, debemos mirar al Padre-Dios así como Jesús lo anunció y lo testimonió en su experiencia de hijo. Recuerdo en el año jubilar del Santuario – hace dos años – cuando recibimos la visita de la hermana Doría Schilkmann (estudiosa de la historia del padre José Kentenich y del movimiento de Schoenstat) en el encuentro personal que tuve con ella me había aclarado como la insistencia pastoral del padre José sobre la paternidad de Dios tenía una de sus motivaciones en contrastar estas ideas criticas a la paternidad misma y mas en general al progenitor identificado por tantos como el culpable por todas las dificultades de la persona. El deseo de Felipe corrige este riesgo. Llamar a Dios: padre no es proyectar en él nuestras vivencia limitada de paternidad sino aprender que significa ser padre. A quien vive la paternidad natural o espiritual Jesús recuerda que el ejemplo y modelo a seguir es el Padre del cielo, el Padre como Jesús mismo lo reveló: Felipe... el que me ha visto, ha visto el Padre. 

Hechas estas premisas me gustaría en este domingo caminar por las once menciones que Jesús hace del Padre-Dios y de cada una rescatar un rasgo del Padre bueno que está en cielo para que lo contemplemos en la oración: 

PRIMERA: en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones: el Padre-Dios es generoso, las habitaciones de su morada son muchas y en esta morada Él se pasa el tiempo esperándonos. Puede ser una florecilla pero guardo en la memoria un cuento para la catequesis en el cual un niño de catequesis pregunta al párroco que hizo Dios desde la eternidad hasta el día en que creó el mundo... el buen cura respondió: nos esperó ya amándonos.

SEGUNDA MENCIÓN: nadie va al Padre sino por mi. El camino al Padre-Dios y a su morada con muchas habitaciones es Jesus. Jesús es el camino, el compañero en el camino mismo y va por adelantado – como el pastor sobre que escuchamos el pasado domingo – va por adelantado para esperarnos en la morada de muchas habitaciones junto con el Padre. Conocer a Jesús es conocer el camino, es conocer la guía en el camino es conocer el destino. 

Por eso Jesús dice: Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. (TERCERA MENCIÓN).

Sigue el pedido de Felipe que ya recordamos: Señor, muéstranos al padre y eso nos basta. 
A este pedido Jesús contesta con la que me gustaría pensar una letanía de la paternidad de Dios: 
el que me ha visto ha visto el Padre (4)
o sea conocemos al Padre conociendo la vivencia como hijo de Jesús.

¿Como dices: muéstranos al Padre? (5) o sea el Padre es revelado por Jesús... 

Pero esto no dice lo bastante. Jesús no es solamente el medio de comunicación del Padre sino quien está en el Padre (6) como el Padre está en Él (7). Con la proclamación de esta reciproca presencia del Padre en el Hijo y del Hijo Jesús en el Padre llegamos a las sexta y séptima mención del Padre. Sabemos como en la mentalidad judía el séptimo lugar indicaba la plenitud: la plenitud de la revelación del Padre-Dios es su presencia en Jesús, Jesús el Hijo eternamente presente en el Padre. Otra imagen de catequesis que siempre me ayudó a entender esto: un espejo que reflejara a si mismo o reflejara un otro espejo a poco serviría. Jesús – a revés – es un espejo tan fiel de la paternidad de Dios que el Padre mismo se complace por tanta fidelidad. 

Pasando esta cumbre Jesús confirma que sus palabras son las palabras del Padre (octava mención). 

Un Padre que habita en Jesús (9), está en Jesús (10) y deja que Jesús esté en el Padre mismo (10). 

Para que esta unidad aparezca aún mas clara hay una otra expresión propia de la lógica cultural de Jesús, de Felipe, de Juan autor del Evangelio y de la primera Iglesia que recibió su libro: Las palabras que digo no son mías: el Padre (8) que habita en mi es el que hace las obras. Es la octava mención la que pasa desde la plenitud del 7 al infinito pero al mismo tiempo hay – por lo menos a nuestro oídos – algo desentonado. Jesús habla (palabras... no ...suyas) y el Padre que habita en Él hace... obras. La palabra de Jesús es la obra del Padre. ¿Que significa? Podríamos quedar en una explicación histórica recordando el grande valor que tenía la palabra en el mundo antiguo. La palabra era lo que hoy son los contratos, los títulos de propiedad o crédito, las cartas poder y cuanto mas. En la cultura del Evangelio la palabra no era algo que el viento llevaba sino algo que genera lo que significa. Pero al mismo tiempo nos dice que Jesús no es sencillamente el mensajero del Padre. Con una imagen moderna diríamos el parlante que trasmite un mensaje de otro. Sino Jesús es la palabra mismo del Padre-Dios, en Él, en su vida concreta Dios habla: habla en lo que anuncia, habla en lo que hace, habla en lo que vive, habla en lo que sufre. 

La referencia a la obra de Dios que es Jesús nos devuelve al misterio de la Pasqua que estamos celebrando. Por medio de su pasión y muerte Jesús va, llega, vuelve al Padre-Dios. Se adelanta a nosotros para que el camino quede claro. 

Yo me voy al Padre. Mención doce y cierre de la pagina. 

Buen viaje al Padre Jesús... cuida la morada con muchas habitaciones nosotros te seguimos... acompáñanos. 

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