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domingo, 10 de mayo de 2020

HOMILÍA: quinto Domingo de Pascua (Juan 14, 1 - 12)


En doce versículos tomados de los discursos de adiós pronunciados por Jesús en la ultima cena, en doce versículos, doce veces aparece la palabra Padre: once veces en los labios de Jesús, una vez en el pedido de Felipe. El domingo que vivimos nos invita a contemplar la paternidad de Dios. 

Pasamos por arriba dos criticas a la paternidad de Dios – tan central en el anuncio de Jesús – dos criticas que tanto espacio tuvieron en el ultimo siglo. 

Primera critica: decir que Dios es padre no excluye que sea al mismo tiempo madre. Ya el profeta Isaias lo había entendido muy bien: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! (Is 49,15). Y muchas otras citas confirmarían cuanto no falte la imagen materna para hablar sobre Dios. 

Segunda critica: tristemente no faltan ejemplos malos de padres que por lo tanto hacen el título “padre” algo por si mismo dudoso. A esta critica aún mas fuerte que la primera podemos responder haciendo nuestro el deseo del apóstol Felipe: cuando decimos Padre para dirigirnos a Dios mucho mas que nuestras ideas e imágenes de padre que – por cuanto buenas – son limitadas, debemos mirar al Padre-Dios así como Jesús lo anunció y lo testimonió en su experiencia de hijo. Recuerdo en el año jubilar del Santuario – hace dos años – cuando recibimos la visita de la hermana Doría Schilkmann (estudiosa de la historia del padre José Kentenich y del movimiento de Schoenstat) en el encuentro personal que tuve con ella me había aclarado como la insistencia pastoral del padre José sobre la paternidad de Dios tenía una de sus motivaciones en contrastar estas ideas criticas a la paternidad misma y mas en general al progenitor identificado por tantos como el culpable por todas las dificultades de la persona. El deseo de Felipe corrige este riesgo. Llamar a Dios: padre no es proyectar en él nuestras vivencia limitada de paternidad sino aprender que significa ser padre. A quien vive la paternidad natural o espiritual Jesús recuerda que el ejemplo y modelo a seguir es el Padre del cielo, el Padre como Jesús mismo lo reveló: Felipe... el que me ha visto, ha visto el Padre. 

Hechas estas premisas me gustaría en este domingo caminar por las once menciones que Jesús hace del Padre-Dios y de cada una rescatar un rasgo del Padre bueno que está en cielo para que lo contemplemos en la oración: 

PRIMERA: en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones: el Padre-Dios es generoso, las habitaciones de su morada son muchas y en esta morada Él se pasa el tiempo esperándonos. Puede ser una florecilla pero guardo en la memoria un cuento para la catequesis en el cual un niño de catequesis pregunta al párroco que hizo Dios desde la eternidad hasta el día en que creó el mundo... el buen cura respondió: nos esperó ya amándonos.

SEGUNDA MENCIÓN: nadie va al Padre sino por mi. El camino al Padre-Dios y a su morada con muchas habitaciones es Jesus. Jesús es el camino, el compañero en el camino mismo y va por adelantado – como el pastor sobre que escuchamos el pasado domingo – va por adelantado para esperarnos en la morada de muchas habitaciones junto con el Padre. Conocer a Jesús es conocer el camino, es conocer la guía en el camino es conocer el destino. 

Por eso Jesús dice: Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. (TERCERA MENCIÓN).

Sigue el pedido de Felipe que ya recordamos: Señor, muéstranos al padre y eso nos basta. 
A este pedido Jesús contesta con la que me gustaría pensar una letanía de la paternidad de Dios: 
el que me ha visto ha visto el Padre (4)
o sea conocemos al Padre conociendo la vivencia como hijo de Jesús.

¿Como dices: muéstranos al Padre? (5) o sea el Padre es revelado por Jesús... 

Pero esto no dice lo bastante. Jesús no es solamente el medio de comunicación del Padre sino quien está en el Padre (6) como el Padre está en Él (7). Con la proclamación de esta reciproca presencia del Padre en el Hijo y del Hijo Jesús en el Padre llegamos a las sexta y séptima mención del Padre. Sabemos como en la mentalidad judía el séptimo lugar indicaba la plenitud: la plenitud de la revelación del Padre-Dios es su presencia en Jesús, Jesús el Hijo eternamente presente en el Padre. Otra imagen de catequesis que siempre me ayudó a entender esto: un espejo que reflejara a si mismo o reflejara un otro espejo a poco serviría. Jesús – a revés – es un espejo tan fiel de la paternidad de Dios que el Padre mismo se complace por tanta fidelidad. 

Pasando esta cumbre Jesús confirma que sus palabras son las palabras del Padre (octava mención). 

Un Padre que habita en Jesús (9), está en Jesús (10) y deja que Jesús esté en el Padre mismo (10). 

Para que esta unidad aparezca aún mas clara hay una otra expresión propia de la lógica cultural de Jesús, de Felipe, de Juan autor del Evangelio y de la primera Iglesia que recibió su libro: Las palabras que digo no son mías: el Padre (8) que habita en mi es el que hace las obras. Es la octava mención la que pasa desde la plenitud del 7 al infinito pero al mismo tiempo hay – por lo menos a nuestro oídos – algo desentonado. Jesús habla (palabras... no ...suyas) y el Padre que habita en Él hace... obras. La palabra de Jesús es la obra del Padre. ¿Que significa? Podríamos quedar en una explicación histórica recordando el grande valor que tenía la palabra en el mundo antiguo. La palabra era lo que hoy son los contratos, los títulos de propiedad o crédito, las cartas poder y cuanto mas. En la cultura del Evangelio la palabra no era algo que el viento llevaba sino algo que genera lo que significa. Pero al mismo tiempo nos dice que Jesús no es sencillamente el mensajero del Padre. Con una imagen moderna diríamos el parlante que trasmite un mensaje de otro. Sino Jesús es la palabra mismo del Padre-Dios, en Él, en su vida concreta Dios habla: habla en lo que anuncia, habla en lo que hace, habla en lo que vive, habla en lo que sufre. 

La referencia a la obra de Dios que es Jesús nos devuelve al misterio de la Pasqua que estamos celebrando. Por medio de su pasión y muerte Jesús va, llega, vuelve al Padre-Dios. Se adelanta a nosotros para que el camino quede claro. 

Yo me voy al Padre. Mención doce y cierre de la pagina. 

Buen viaje al Padre Jesús... cuida la morada con muchas habitaciones nosotros te seguimos... acompáñanos. 

jueves, 30 de abril de 2020

ORACIÓN DEL ROSARIO en la pandemia de COVID-19 (Mayo 2020)



Hace CLICK en las imágenes y encontrarás como rezar el Rosario (Imágenes de arriba)
o donde escuchar el Rosario (Imagen de abajo).

Al final del ROSARIO ofrece una 
entre estas dos oraciones 
propuestas por el papa Francisco:

Oración a María
Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Oración a Maria
«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.
Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. 
Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.
Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.
Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.
Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.
Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.
Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.
Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.
Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.
Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.
Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. 
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A TODOS LOS FIELES PARA EL MES DE MAYO DE 2020

Queridos hermanos y hermanas:
Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. 
En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. 
Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.
 Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo.
Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. 
Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.
Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.
Queridos hermanos y hermanas: 
Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista

Francisco

miércoles, 29 de abril de 2020

Las familias en tiempo de COVID-19 – 3 – Desafío tres y cuatro: RELACIONES/ conclusiones

De Raffaella Iafrate (Universidad Católica de Milán – Italia) 
Desgrabación y traducción desde el Italiano por Marco Bottoni no confirmada por la autora. 

Podríamos ubicar cuatro desafíos que podemos enfrentar con recursos generativos a nuestro alcance. 

Como nos recordó papa Francisco 
no pensemos solamente a lo que falta 
sino al bien que podemos hacer. 


Tercer desafío: 
relaciones intimas. 
La perdida por el Covid19 tiene a que ver con las relaciones mas intimas. 
No se puede consolar con gestos de afectos porque quita el contacto corporal. Quita la experiencia del cuerpo anulando los cinco sentidos que son el contacto con los demás y nos permiten realizar nuestra naturaleza en relación. 
El Covid quita olfato y gusto, obstaculiza el tacto (abrazos, besos, caricias) amenaza el oído y la vista aislando y desarraigando las personas de sus relaciones. Amenaza el ser humano como persona entera hecha por cuerpo y espíritu. 
¿Cual respuesta fecunda frente a este desafío?
Una vez más a las generaciones mas jóvenes se pide contestar a este desafío haciendo visible lo invisible, devolviendo el cuerpo a lo que fue disociado, ayudando la recuperación de la unidad de la persona amenazada por el virus. 
Cuando tacto, olfato, gusto son vetados – por lo menos entre los alejados, mientras no es una casualidad que en los hogares se ha vuelto a cocinar con mucha pasión – devolver un cuerpo a lo que corre el riesgo de no tenerlo es posible con vista y oído. 
Vista y oído que son los sentidos mas frágiles en los mayores. 
Los medios con los cuales sobre todo los jóvenes son mas expertos, las nuevas tecnologías como los celulares, las tabletas, las computadora pero también las formas mas familiares como las fotos, los videos, la música son herramienta preciosas para tener con vida los sentidos... y los mas jóvenes son hábiles en utilizarlos. 
La tabletas para las videollamadas desde los hospitales, hijos y nietos que llaman los padres o los abuelos a la misma hora todos los días, el enfermero que toca guitarra para los internados en un hogar para ancianos, la música cantada y sonada para llenar los silencios son ejemplos de esto. 

Cuarto desafío: 
relaciones sociales.
Vemos por fin una cuarta característica de la perdida Covid. 
Es una perdida que destroza las relaciones sociales. 
No hay ritos sino condena al aislamiento social. 
Se muere sin ritos que desde siempre protegen y donan consolación a la gente porque permiten compartir el dolor. Parece una paradoja, la muerte que en las ultimas décadas fue tan excluida, privatizada, expulsada por la sociedad hoy por si misma se esconde haciendo invisible a los ojos y al corazón el pasaje final de la existencia y subrayado aún mas la ausencia de las relaciones comunitarias. 
Se muere en soledad, sin las redes de parientes y amigos que desde siempre acompañan y son las herramienta que mantiene despierto el agradecimiento por los dones recibidos en la vida. El agradecimiento contrasta la perdida y trasforma hasta el final de la vida en un momento generativo. 
¿Cual la respuesta generativa, el recurso que podemos jugar para responder a este desafío? 
Será importante encontrar formas para ritualizar las perdidas elaborando así los duelos que los ancianos y sus familias vivieron. 
Ahora con los medios posibles: oración, recuerdos compartidos, imágenes enviadas, participación a ritos religiosos en los medios, lecturas para cuidar el espíritu. 
Sobre todo en futuro habrá que pensar celebraciones comunitarias a la memoria. Desde ya hay que fijar fecha (por ejemplo el primer aniversario) para que no sea solamente una intención. 
Los jóvenes y los adultos pueden encontrar otros medios para que los mas ancianos elaboren el duelo. Invitarlos para que se hable de los que han muerto. Cuidar el recuerdo de los que ya no están por medio de la memoria y de la narración puede encarnar y consentir que se vuelva a simbolizar las relaciones. 
La nostalgia puede despertar de vuelta el sufrimiento pero al mismo tiempo hace mas humanos los humanos. 
Cuanto más este cuidado de la memoria es compartido en una familia tanto más se puede ayudar – tanto jóvenes como mayores – a percibir que una perdida es una prueba dura pero las relaciones siguen más allá de la muerte. 

Daniela Hernández,  Conversación (2020).
La profesional Daniela Hernández Daniela Hernández Fotografía logró el primer premio en el concurso “La cuarentena”, organizado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República y en el marco de la emergencia sanitaria que atraviesa nuestro país y el mundo debido al Covid- 19.
Al mismo se presentaron 323 participantes de varios rincones del Uruguay y de otros país del mundo. “Conversación” el registro fotográfico con el que se presentó la profesional, fue captado en el Hogar Frauenverein de Nueva Helvecia.

Concluyendo.
Contestando a estos desafíos el tiempo que vivimos puede ser fecundo. 
Para los mas jóvenes es una oportunidad para entender que la vida no es solo recibir sino también dar y devolver, y así se crece. 
Para la sociedad, nuestra sociedad omnipotente, auto-definida, que piensa poder dominar todo, es una oportunidad para pensar lo que no se suele pensar y entender que los limites y las fragilidades son mas grandes de lo que pensamos. 
En todos esta conciencia puede despertar la pietas (piedad – ser bondadosos) que nace reconociendo la común fragilidad y hace mas iguales y cercanos los seres humanos. 
Termino recordando que esta experiencia es al mismo tiempo familiar y social. 
En las familias como en la comunidad estamos viendo un mundo viejo que deja lugar a un mundo nuevo. Ya tenemos nostalgia de los que han muerto, todavía no sabemos cuanto lo extrañamos ahora y en futuro. Sabemos que el mundo que vendrá será la herencia que nos dejaron. 
En la mano de los mas jóvenes puede estar – esperamos – un futuro mas capaz de reconocer en el limite y en la relación unas dimensiones fundamentales de la vida y de la sobre-vivencia de la humanidad. 
Todo esto marca la diferencia entre lo incompleto del tiempo colgado que el Covid lleva consigo y el todo se ha cumplido (Juan 19, 30) que solamente en la hondura de las relaciones humanas y del objetivo fecundo de la vida y también de su fin se puede y se logra pronunciar. 

martes, 28 de abril de 2020

Las familias en tiempo de COVID-19 – 2 – Desafío uno: EL ESPACIO/Desafío dos: EL TIEMPO

De Raffaella Iafrate (Universidad Católica de Milán – Italia) 
Desgrabación y traducción desde el Italiano por Marco Bottoni no confirmada por la autora.

Salvador Dalí, La persistencia de la memoria (1931), Nueva York, MOMA.

Podríamos decir que la diferencia son las característica de la perdida que el Covid19 lleva consigo. 
Podríamos ubicar cuatro desafíos que podemos enfrentar con recursos generativos a nuestro alcance. 

Como nos recordó papa Francisco 
no pensemos solamente a lo que falta sino al bien que podemos hacer. 


Primer desafío: 
la perdida generada por el Covid abarca todo el espacio.


No es parcial sino global, ocupa toda la cancha porque es una perdida colectiva que abarca una entera generación. Genera un vacío en la vida de los mayores que escuchan la noticia de la muerte de conocidos o coetáneos con los cuales se había compartido la historia de las ultimas décadas. 
Es una perdida que abarca el espacio. 

¿Cual respuesta fecunda a este desafío? 

A una grande perdida que es muerte debemos contestar con una gratitud por la vida del mismo tamaño. En esto están convocadas las generaciones más jóvenes: los hijos, aún más los nietos llamados a llenar de gratitud este espacio ocupado por la perdida. 

Cuidar la gratitud. 
Una cura que escapa a las lógicas de mercado sino se expresa en actitudes solidarias y en el deseo de corresponder al don de la vida. Don recibido por los padres. Deseo de corresponder a los afectos y a los cuidados recibidos por los abuelos. Regalos importantes y preciosos en el camino de crecimiento. 
Es el tiempo en el cual los mas jóvenes pueden mostrar su gratitud a las generaciones que los precedieron, una oportunidad para dar la vuelta a la costumbre de vivir en forma pasiva, la oportunidad de mostrar que la vida es mas fuerte que la muerte y que la gratitud puede hacer mas llevadera la perdida. 

Segundo desafío: 
el tiempo.


La perdida por el Covid19 tiene a que ver con el tiempo. 
No llega esperada y con medida sino aplasta, no deja tiempo para pensarla, acontece en una emergencia que quita el aliento (y no es una metáfora), en un contexto agitado, muy agitado. 

¿Cual puede ser la respuesta fecunda a esta perdida?

Podríamos decir que a la tiranía del tiempo cruel de la emergencia, un kronos que se come sus hijos sin dejar espacio para pensar, es necesario proponer de vuelta un tiempo de gracia, un Kairos, un tiempo que – sin negar – devuelve dignidad al sufrimiento recuperando dignidad, reflexión, conciencia por lo que pasó, devolver sentido también a los eventos mas sufridos. 

Nunca es demasiado tarde para recortarse un tiempo para repensar a lo que pasó para volver a los mismos, para tomar conciencia y no dejar que sea la angustia que nos domine. 


lunes, 27 de abril de 2020

Las familias en tiempo de COVID-19 – 1 – LAS PERDIDAS

De Raffaella Iafrate (Universidad Católica de Milán – Italia) 
Desgrabación y traducción desde el Italiano por Marco Bottoni no confirmada por la autora. 

Gian Lorenzo Bernini (Italia, 1598-1680) - Eneas, Anquises, 1618-19. 
Representación de Eneas huyendo de Troya llevando sobre sus hombros a su padre Anquises.

¿Que revela la preocupación por los adultos mayores que abarca todos y que ha desequilibrado los sistemas políticos, sanitarios y económicos de todo el mundo? 

Como modernos Eneas con su anciano padre Anquises todos cargamos en los hombros a padres, abuelos, amigos frágiles con una atención y una dedicación que hasta ahora no habíamos conocido. 

Un intento de respuesta empieza por una premisa: 
generalmente en la vida de una familia el complicado pasaje a la ancianidad es definido por tres claves fundamentales: 
  1. Perdida
  2. Gratitud y reconocer
  3. Herencia generativa

Es inevitable que en el vida de los ancianos y de sus familias se haga experiencia fuerte de perdidas. Tantas tipologías de perdidas que tienen a que ver con el anciano y al mismo tiempo las personas que viven e interactúan con él. 
Hay una perdida del enfoque social con la salida del trabajo, 
hay una perdida del enfoque familiar con la salida del hogar de los hijos, 
hay una perdida de la salud con las primeras enfermedades, 
hay una perdida final de la vida de personas de la misma generación, de los cónyuges, de los parientes hasta perder la propia vida. 

A pesar de todo eso la perdida no ocupa todo el escenario. 

La edad de la vejez es al mismo tiempo la edad del agradecimiento, el tiempo en el cual hacer un balance de nuestra existencia y recuperar el sentido del tiempo e de las relaciones. 

Por eso – si no se deja paso a la tentación de dejarnos aplastar por las perdidas sino se atribuye valor a la gratitud por lo que la vida ha donado – todos los eventos (jubilación, salir abuelos, hasta la enfermedad y la muerte) pueden ser vividos como una perdida no total sino como un miedo que puede transformarse en una experiencia de generación. 

Se puede alcanzar el objetivo generativo de la vejez que es el paso de la posta, el paso de las herencias materiales y morales a las nuevas generaciones que deberán llevar en adelante el mundo. 

¿Que pasa ahora con la aparición del CoronaVirus en nuestras existencias? 
¿Que pasa a los mayores y a sus familias? 
¿Cual es hoy el desafío al equilibrio entre el sentido dela perdida y el sentido de gratitud? 
¿Cual es la amenaza al éxito generativo de esta transición?

Podríamos decir que la diferencia son las característica de la perdida que el Covid19 lleva consigo. 
Podríamos ubicar cuatro desafíos que podemos enfrentar con recursos generativos a nuestro alcance. 

Como nos recordó papa Francisco 
no pensemos solamente a lo que falta 
sino al bien que podemos hacer. 

(...sigue...)


domingo, 12 de abril de 2020

#QuedateEnCasa - La oración es nuestra vigilia en espera de la luz (homilía en la Pascua)


Domingo de Pascua
(12 de abril de 2020)
Mt 28, 1 – 10.

Sería demasiado fácil este año pedir al Angel de la resurrección que grite un poco mas fuerte sus primeras palabras: No teman... 

Sería demasiado fácil y nos haría cerrar los oídos a los que sigue. 

Primero. El Angel nos recuerda que estamos en búsqueda: yo se que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No hay que apagar nunca esta búsqueda. Siempre hay el riesgo de considerarla ya cumplida. 

Podemos decir que este año la Pascua llega como una invitación a seguir nuestro camino con Jesús que como sabemos, por como sigue el relato de San Mateo, será por las faldas de una montaña (Mt 28, 16), un otro camino a subirse, una otra calle cuesta arriba. 
Creer en la Resurrección no ahorra a los discípulos una nueva subida, un nuevo camino empinado. Seguramente no tendrá las características del Golgota. No tanto porque no habrá que sufrir sino porque se podrá enfrentar seguros que Jesús nos adelantó, que conoce cual son los pasos mas sufridos, que nos alienta reavivando constantemente la esperanza. En las próximas semanas por el bien de cada uno y de todos seguiremos en la lucha contra el contagio. Podríamos vivir esto como un bajón o a revés sentir que es una nueva etapa como la montaña de Galilea donde Jesús resucitado convoca nuevamente su discípulos. 

Pedimos en esta Pascua diferente la gracia de la perseverancia. 

¿Qué perseverancia nos pide Jesús Resucitado? 

Cada uno puede y debe encontrar su respuesta. Me atrevo a sugerirle lo que siento que este año está diciéndonos. 
Dice Jesús anunciando la resurrección que las almas de los que mueren y resucitan en Dios son como la ángeles... porque han resucitado (Lc 20,37).
Si los santos son como Angeles me siento autorizado a pensar que hay santos de la guarda. Creo que Jesús en estos días me envió dos santos de la guarda para confirmar mi fe en la subida de esta montaña del aislamiento. Ellos me sugirieron la respuesta a la pregunta: ¿Que perseverancia nos pide Jesús Resucitado? 

El primer santo de la guarda es san Juan de la Cruz que en su Oración del alma enamorada famosa por recordarnos que A la tarde te examinarán en el amor;... el mismo santo nos recuerda: 

Mira que no te entristezcas de repente de los casos adversos del siglo, pues que no sabes el bien que traen consigo ordenado en los juicios de Dios para el gozo sempiterno de los escogidos. 

En la renovación de la profesión de fe a la cual nos invita la Pascua les invito a repetir nuestra confianza que – a pesar de los casos adversos – Dios está preparando un bien...sempiterno. 
San Juan de la Cruz me alcanzó ya en la Semana Santa. 

El segundo santo de la guarda ya desde el comienzo de la epidemia es san Pablo VI. Hoy me amparo en un su enseñanza sobre la oración entendida como búsqueda. Así enseñaba el santo papa: 

El encuentro con Dios puede acontecer como, donde y cuando Él quiere. Conocemos sus gustos sobre nuestra parte: deseo, búsqueda, oración. La oración es nuestra vigilia en espera de la luz. (12/12/1973).

La oración es nuestra vigilia. La Pascua siempre es vigilia, siempre es espera, siempre es esperanza. Vivámoslo así en oración... oración en espera. 

Alégrense es el saludo de Jesús resucitado. Debemos admitir que este año cuesta un poco mas. Pero la alegría cristiana no es solamente gozo y risa, la alegría es – decía Tomás de Aquino - dilatación de la amplitud del corazón. 

Hoy Jesús resucitado nos invita con el único medio que por ahora nos queda: la oración. Jesús resucitado nos invita a dilatar nuestros corazones para que ninguno se sienta excluido del anuncio de consolación: a pesar que queden montañas para subir el destino es el gozo sempiterno de los Resucitados. 

La oración es nuestra vigilia en espera de la luz.

La oración SEA nuestra vigilia en espera de la luz.

viernes, 10 de abril de 2020

#QuedateEnCasa - VIERNES SANTO ¿Quién soy yo para que Cristo muera por mí?


Entre las muchas palabras de este Viernes Santo pasado en las casas le dejo la reflexión ecrita por una persona detenida comentando la septima estación del Via Crucis (Jesús cae por segunda vez). 
La misma fue leída en el Vía Crucis rezado por el papa Francisco en Roma en la plaza de san Pedro desierta. 

Cuando pasaba delante de una cárcel, miraba para otro lado: “Bueno, yo no acabaré nunca ahí dentro”, me decía a mí mismo. Las veces que la miraba respiraba tristeza y oscuridad, me parecía que pasaba junto a un cementerio de muertos vivientes. Un día acabé entre rejas, junto con mi hermano. Como si no fuera suficiente, también conduje allí dentro a mi padre y a mi madre. La cárcel, que era para mí como un país extranjero, se convirtió en nuestra casa. En una celda estábamos nosotros, los hombres, en otra nuestra madre. Los miraba, sentía vergüenza de mí mismo, ya no podía llamarme hombre. Están envejeciendo en la prisión por mi culpa. 
Caí en tierra dos veces. La primera cuando el mal me cautivó y yo sucumbí. Traficar con droga, en mi opinión, valía más que el trabajo de mi padre, que se deslomaba diez horas al día. La segunda fue cuando, después de haber arruinado a la familia, empecé a preguntarme: 
¿Quién soy yo para que Cristo muera por mí?”. 
El grito de Jesús —«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»— lo leo en los ojos de mi madre, que asumió la vergüenza de todos los hombres de la casa para salvar a la familia. Y tiene el rostro de mi padre que se desesperaba de manera escondida en la celda. Sólo ahora soy capaz de admitirlo; en aquellos años no sabía lo que hacía. Ahora que lo sé, con la ayuda de Dios estoy intentando reconstruir mi vida. Lo debo a mis padres, que años atrás subastaron nuestras cosas más queridas porque no querían que estuviese en la calle. Lo debo sobre todo a mí mismo, pues la idea de que el mal siga controlan- do mi vida es insoportable. Esto se ha convertido en mi vía crucis


Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte (Lc23,34). 

Señor Jesús, estás otra vez caído por tierra, fatigado por mi apego al mal, por mi miedo a no lograr ser una persona mejor. Con fe nos dirigimos a tu Padre y le pedimos por todos los que todavía no han podido huir del poder de Satanás, del atractivo de sus obras y de sus mil formas de seducción.

lunes, 6 de abril de 2020

SAGRADO TRIDUO PASCUAL EN TIEMPO DE COVID-19. Oraciones en CASA #QuedateEnCAsa




Con el deseo de ayudar a vivir estos días Santos, 
y sabiendo que para muchos serán jornadas difíciles por no poder celebrar como lo hacemos habitualmente, 
es que el Departamento de Liturgia 
de la Conferencia Episcopal del Uruguay, 
ha elaborado este subsidio. 
Es muy importante destacar que no pretende,
 bajo ningún concepto, 
sustituir las celebraciones litúrgicas, 
más bien, quiere ayudar a profundizar 
en la oración y la vivencia de la Semana Santa.
Mons. Luis Eduardo González. Presidente del Departamento de Liturgia.

Quien deseara compartir en una comunidad virtual algunas de las oraciones propuestas por nuestros Obispos proponemos un calendario de REUNIONES VIRTUALES por medio de la herramienta ZOOM.US

Estas REUNIONES VIRTUALES no serán transmisiones sino un espacio digital donde REZAREMOS JUNTOS. 

CALENDARIO EN LOS DÍAS SANTOS

Miércoles 8 de abril 18,30 horas
S. Rosario (horario acostumbrado en Colonia Valdense) 

Jueves 9 de abril 19,30 horas 
Oración en la noche del Jueves Santo  (p. 6)
preparándonos a seguir la celebración presidida por nuestro Obispo. 

Viernes Santo 10 de abril 8,30 horas - Laudes (p. 11)

Viernes Santo 10 de abril 18,30 horas - S. Rosario (p. 17)
preparándonos a seguir la celebración presidida por nuestro Obispo.

Sábado Santo 11 de abril 8,30 horas - Laudes (p. 27)




ID de reunión: 777 441 1069

Contraseña: 4335 (telefono de la parroquia)

domingo, 5 de abril de 2020

#QuedateEnCasa - Entramos en la Semana Santa escuchando que el mismo Jesús nos extraña




 

















Domingo de Ramos
(5 de abril de 2020)
Mt 26, 3 – 5. 14 – 27, 66.

No se acostumbra predicar en el domingo de Ramos. La lectura de la palabra de Dios es muy amplia y sobretodo su mensaje tan claro que parece casi disminuirlo sumando palabras humanas. 

En este año tan especial en el cual celebraremos la Pascua sin reunirnos me atrevo a decir (mejor escribir) algo también hoy domingo de ramos. 

El amplio relato de la pasión nos acompaña desde la familiaridad de la ultima cena pasando por el ansia y los miedos del proceso hasta la angustia de las horas de la cruz para terminar – como en un descanso de los sentimientos con el gesto piadoso de quien sepulta a Jesús. 

Me gustaría quedáramos un rato en la última cena. Es un relato que conocemos casi de memoria por escucharlo en todas las Misas cuando junto con la invocación al Espíritu Santo repite la presencia de Jesús mismo en el pan y en el vino. 
Terminadas las palabras sobre el cáliz que escuchamos en toda Misa san Mateo (como también Marcos) guarda una otra frase de Jesús: 

Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre. 

Entendemos muy bien lo que significa. 

Totalmente cociente de vivir la vigilia de su pasión Jesús sigue fortaleciendo su discípulos en la esperanza. La familiaridad de aquellas horas de la última cena será trágicamente rota por la captura de Jesús. 
Además de una nueva clase de esperanza escuchamos en estas palabras la esperanza misma del hombre Jesús. 

Jesús sabe que el Padre-Dios no se olvidará de su elegido, no se olvidará de su Hijo. En su predicación Jesús hablaba sobre el Reino de Dios. Mateo muchas veces lo transcribe reino de los cielos ahora Jesús dice Reino de mi Padre. El reino (o sea la cercanía de Dios) es la cercanía de un Padre, es la cercanía del Padre de Jesús. En el reino del Padre de Jesús está preparado un banquete del cual todas nuestra comidas no son que una sombra. En el banquete del reino del Padre-Dios habrá un vino nuevo mejor que lo Jesús donó a los novios de Caná de Galilea (Jn 2). En el Reino del Padre-Dios habrá comidas mas ricas de las que imaginamos acompañaron el ternero gordo que el padre de la parábola (Lc 15) hace preparar. 

Un detalle mas: hasta el día en que beba con ustedes. La esperanza de Jesús es personal pero no exclusiva. Esta llegada al Reino del Padre-Dios nos hace pensar en la resurrección. Jesús parece decir que no se podrá cumplir todo hasta que nosotros también no hayamos llegado al Reino del Padre de Jesús que es el Padre Nuestro. Si en una comida festiva ninguno se sienta y come hasta que llegan los festejado en la comida festiva del Reino del Padre-Dios ninguno se sienta y come hasta que no llegue el ultimo invitado. 
La emergencia sanitaria nos obliga a celebrar la Pascua sin reunirnos. Seguramente lo extrañamos. Entramos en la Semana Santa escuchando que el mismo Jesús nos extraña. Su última cena guarda la promesa de su eterna presencia entre nosotros pero al mismo tiempo nos recuerda que Jesús nos espera, nos extraña. En la cruz se sintió abandonado por muchos, Jesús es hombre de esperanza confía que va a llegar el día en el cual nos encontraremos de vuelta. 

Como discípulos de Jesús no podemos que ser hombres y mujeres de esperanza.