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domingo, 12 de abril de 2020

#QuedateEnCasa - La oración es nuestra vigilia en espera de la luz (homilía en la Pascua)


Domingo de Pascua
(12 de abril de 2020)
Mt 28, 1 – 10.

Sería demasiado fácil este año pedir al Angel de la resurrección que grite un poco mas fuerte sus primeras palabras: No teman... 

Sería demasiado fácil y nos haría cerrar los oídos a los que sigue. 

Primero. El Angel nos recuerda que estamos en búsqueda: yo se que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No hay que apagar nunca esta búsqueda. Siempre hay el riesgo de considerarla ya cumplida. 

Podemos decir que este año la Pascua llega como una invitación a seguir nuestro camino con Jesús que como sabemos, por como sigue el relato de San Mateo, será por las faldas de una montaña (Mt 28, 16), un otro camino a subirse, una otra calle cuesta arriba. 
Creer en la Resurrección no ahorra a los discípulos una nueva subida, un nuevo camino empinado. Seguramente no tendrá las características del Golgota. No tanto porque no habrá que sufrir sino porque se podrá enfrentar seguros que Jesús nos adelantó, que conoce cual son los pasos mas sufridos, que nos alienta reavivando constantemente la esperanza. En las próximas semanas por el bien de cada uno y de todos seguiremos en la lucha contra el contagio. Podríamos vivir esto como un bajón o a revés sentir que es una nueva etapa como la montaña de Galilea donde Jesús resucitado convoca nuevamente su discípulos. 

Pedimos en esta Pascua diferente la gracia de la perseverancia. 

¿Qué perseverancia nos pide Jesús Resucitado? 

Cada uno puede y debe encontrar su respuesta. Me atrevo a sugerirle lo que siento que este año está diciéndonos. 
Dice Jesús anunciando la resurrección que las almas de los que mueren y resucitan en Dios son como la ángeles... porque han resucitado (Lc 20,37).
Si los santos son como Angeles me siento autorizado a pensar que hay santos de la guarda. Creo que Jesús en estos días me envió dos santos de la guarda para confirmar mi fe en la subida de esta montaña del aislamiento. Ellos me sugirieron la respuesta a la pregunta: ¿Que perseverancia nos pide Jesús Resucitado? 

El primer santo de la guarda es san Juan de la Cruz que en su Oración del alma enamorada famosa por recordarnos que A la tarde te examinarán en el amor;... el mismo santo nos recuerda: 

Mira que no te entristezcas de repente de los casos adversos del siglo, pues que no sabes el bien que traen consigo ordenado en los juicios de Dios para el gozo sempiterno de los escogidos. 

En la renovación de la profesión de fe a la cual nos invita la Pascua les invito a repetir nuestra confianza que – a pesar de los casos adversos – Dios está preparando un bien...sempiterno. 
San Juan de la Cruz me alcanzó ya en la Semana Santa. 

El segundo santo de la guarda ya desde el comienzo de la epidemia es san Pablo VI. Hoy me amparo en un su enseñanza sobre la oración entendida como búsqueda. Así enseñaba el santo papa: 

El encuentro con Dios puede acontecer como, donde y cuando Él quiere. Conocemos sus gustos sobre nuestra parte: deseo, búsqueda, oración. La oración es nuestra vigilia en espera de la luz. (12/12/1973).

La oración es nuestra vigilia. La Pascua siempre es vigilia, siempre es espera, siempre es esperanza. Vivámoslo así en oración... oración en espera. 

Alégrense es el saludo de Jesús resucitado. Debemos admitir que este año cuesta un poco mas. Pero la alegría cristiana no es solamente gozo y risa, la alegría es – decía Tomás de Aquino - dilatación de la amplitud del corazón. 

Hoy Jesús resucitado nos invita con el único medio que por ahora nos queda: la oración. Jesús resucitado nos invita a dilatar nuestros corazones para que ninguno se sienta excluido del anuncio de consolación: a pesar que queden montañas para subir el destino es el gozo sempiterno de los Resucitados. 

La oración es nuestra vigilia en espera de la luz.

La oración SEA nuestra vigilia en espera de la luz.

domingo, 29 de marzo de 2020

HOMILÍA: Juan 11, 1 – 41. Quinto domingo de Cuaresma (29 de marzo de 2020) - Misa sin pueblo presente por emergencia sanitaria


Ya sabemos como san Juan relata los milagros de Jesús y guarda además el debate consiguiente. 
A la palabra milagro prefiere la palabra “signo” algo que en si mismo expresa un sentido mas profundos. 
Encaramos el signo milagroso de la resurrección de Lazaro contemplando el camino de fe de su hermanas. Marta y María maduran por medio de esta experiencia su fe en la la resurrección. 
La dos en tiempos diferentes se encuentran con Jesús y le llevan el dolor por la muerte del hermano pero también la herida de la fe: 
Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 

Marta que conocemos como mujer activa, llena de iniciativa y gana de hacer salió al encuentro con Jesús. Su duelo está ya elaborado con fe. 
Sé que resucitará en la resurrección del último día. 

El pueblo de Jesús y de Marta había poco a poco madurado la fe en el Dios de la vida como un Dios que resucita y no deja que la muerte sea la ultima palabra. Como muchas intuiciones que, gracias a Dios, el pueblo fue madurando era necesario aclararle y sobre todo darle un rostro. No es lo mismo penar en Dios como padre o pensar en Dios como el padre de Jesús. No es lo mismo esperar solamente que la vida continue o esperar que nuestras vidas continúen haciéndose semejante a la vida de Jesús. 

Yo soy la Resurrección y la Vida. 
Jesús se presenta a Marta y por medio de ella a nosotros como el rostro de la vida que el Padre-Dios desea que continue. 
Decir sencillamente que la vida continúa puede ser hasta algo no deseable. No faltan mitos antiguos donde se muestra una vida mas allá de la muerte peor de la vida que se deja. En un contesto como el mundo antiguo muy trágico no faltaba quien hasta invocaba la muerte como libertadora. 
La novedad de Jesús es anunciar que la vida eterna, la vida que no tendrá fin será una vida que valdrá hasta las cruces que tuvo que cargar: 
El que cree en mi, aunque muera, vivirá. 

Jesús sabe que la muerte no se evita. El creyente puede enfrentarla sufriendo como todos pero con la confianza que la vida continua en una plenitud que imaginamos de lejos contemplando a Jesús. 
En esto puede ayudarnos el camino de fe que Jesús hace con la otra hermana María. María con su actitud mas contemplativa, interior se presenta como la hermana mas dolida, la que mas necesita el consuelo de los conocidos. María queda en la casa encerrada por su dolor. A María aplastada por el dolor, mas cargada de dudas que Marta, Jesús contesta rezando. A María Jesús no da ninguna catequesis sobre la resurrección, esto ya lo había hecho con Marta. Frente a María Jesús llora, se une a su llanto, da paso a su dolor por la muerte del amigo Lazaro. El llanto de Jesús se llena de oración a Dios, un Dios que llama confiadamente Padre. 

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él. 
Así termina el relato. A decir la verdad la casa era de los tres: Marta, Lazaro y María. Pero la que ayuda el camino de fe es María. A pesar que sea Marta que escucha la enseñanza preclara de Jesús es la actitud sumisa, sufrida pero confiada la que ayuda a muchos en creer.
En estos día en los cuales la cuarentena nos invita a rezar solos en nuestras casas extrañando la celebración con los hermanos en la fe pueden ser días parecidos a la experiencia de María que sufre su duelo en oración y logra no tanto una clase de catecismo (por cuanto importante) sino que Jesús se una a su oración. 
Por cuanto ante de ayer fue de gran aliento compartir por los medios la oración con el santo padre Francisco no le escondo cuanto cueste este momento... Justo el viernes leí una oración del papa san Pablo VI que siempre me dejó pensativo y que ahora siento que se está haciendo mi oración: 

¿Quién puede escuchar nuestro lamento una vez más, sino Tú, Dios de la vida y de la muerte? (13 de mayo de 1978). 

Seguimos en oración con Jesús dolido por la muerte de Lazaro como de todos sus amigos que están sufriendo y muriendo en estos días. Rezamos al Dios de la vida y de la muerte, a María que estaba bajo la cruz, a los santos. Pienso en san Luís (del cual nuestro Santuario MTA guarda una estatua) que murió cuidando los enfermos de una epidemia de peste en 1591. A las palabras de san Luís dejo la profesión de fe en Jesús Resurrección y Vida, son palabras tomadas de la carta que Luís dirige a su madre desde su cama de muerte: 

Al morir, (DIOS) nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos. Todo esto lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me falte tu bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas.

viernes, 27 de marzo de 2020

¿Quién puede escuchar nuestro lamento una vez más, sino Tú, Dios de la vida y de la muerte?


Termino de participar gracias a los medios digitales a la oración guiada por el santo padre Francisco en la plaza de san Pedro vacía, bañada por la lluvia, con el silencio roto por las alarmas de las ambulancias que siguen llevando enfermos. 

Son días en los cuales rezar cuesta un poco mas... y como al papa san Pablo VI me llegan a los labios las palabras: 
No has atendido nuestra súplica... (13 de mayo 1978). 

Vuelvo a leer toda la oración de Pablo VI y encuentro que tan trágica afirmación respondía a una profesión de fe: 
solo tu puedes escuchar Dios de la vida y dela muerte. 

En este viernes de Cuaresma contemplando tu muerte y la muerte de tantos conocidos y desconocidos, contemplando tu pasión y la pasión de tantos conocidos y desconocidos 

te proveo mi fe confiada 
Dios de la vida y de la muerte.


ORACIÓN DE SU SANTIDAD SAN PABLO VI13 de mayo de 1978
Y ahora nuestros labios, cerrados como por un obstáculo enorme, semejante a la gran piedra colocada a la entrada del sepulcro de Cristo, se quieren abrir para entonar el De profundis, es decir, el grito y el llanto del dolor inefable que ahogan nuestra voz ante esta tragedia.
¡Señor, escúchanos!
¿Quién puede escuchar nuestro lamento una vez más, sino Tú, Dios de la vida y de la muerte? 
No has atendido nuestra súplica...
...por la incolumidad de Aldo Moro, de este hombre bueno, apacible, sapiente, inocente y amigo; pero Tú, Señor, no has abandonado su espíritu inmortal marcado con la fe en Cristo, que es la resurrección y la vida. Por él, por él.
¡Señor, escúchanos!
Oh Dios, Padre de misericordia, haz que no se quiebre esta comunión que perdura todavía, en medio de las tinieblas de la muerte, entre los difuntos que dejaron esta existencia temporal y nosotros que vivimos todavía la jornada de un sol que tramontará inexorablemente. 
No resulta vana la perspectiva de nuestra existencia de redimidos. ¡Nuestra carne resucitará, nuestra vida será eterna! Que nuestra fe corra pareja ya desde ahora con esta realidad prometida. ¡Veremos de nuevo a Aldo y a todos los que viven en Cristo, cuando gocemos de la bienaventuranza del Dios infinito!
¡Señor, escúchanos!
Y mientras tanto, Señor, haz que nuestro corazón cauterizado por la virtud de tu cruz acierte a perdonar el ultraje injusto y mortal infligido a este hombre tan querido, y a cuantos han experimentado la misma suerte cruel; haz que todos nosotros recojamos en el sudario límpido de su noble recuerdo la herencia perdurable de su rectitud de conciencia, de su ejemplo humano y cordial, de su entrega a la redención social y espiritual de la querida nación italiana.
¡Señor, escúchanos!