Ya sabemos como san Juan relata los milagros de Jesús y guarda además el debate consiguiente.
A la palabra milagro prefiere la palabra “signo” algo que en si mismo expresa un sentido mas profundos.
Encaramos el signo milagroso de la resurrección de Lazaro contemplando el camino de fe de su hermanas. Marta y María maduran por medio de esta experiencia su fe en la la resurrección.
La dos en tiempos diferentes se encuentran con Jesús y le llevan el dolor por la muerte del hermano pero también la herida de la fe:
Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Marta que conocemos como mujer activa, llena de iniciativa y gana de hacer salió al encuentro con Jesús. Su duelo está ya elaborado con fe.
Sé que resucitará en la resurrección del último día.
El pueblo de Jesús y de Marta había poco a poco madurado la fe en el Dios de la vida como un Dios que resucita y no deja que la muerte sea la ultima palabra. Como muchas intuiciones que, gracias a Dios, el pueblo fue madurando era necesario aclararle y sobre todo darle un rostro. No es lo mismo penar en Dios como padre o pensar en Dios como el padre de Jesús. No es lo mismo esperar solamente que la vida continue o esperar que nuestras vidas continúen haciéndose semejante a la vida de Jesús.
Yo soy la Resurrección y la Vida.
Jesús se presenta a Marta y por medio de ella a nosotros como el rostro de la vida que el Padre-Dios desea que continue.
Decir sencillamente que la vida continúa puede ser hasta algo no deseable. No faltan mitos antiguos donde se muestra una vida mas allá de la muerte peor de la vida que se deja. En un contesto como el mundo antiguo muy trágico no faltaba quien hasta invocaba la muerte como libertadora.
La novedad de Jesús es anunciar que la vida eterna, la vida que no tendrá fin será una vida que valdrá hasta las cruces que tuvo que cargar:
El que cree en mi, aunque muera, vivirá.
Jesús sabe que la muerte no se evita. El creyente puede enfrentarla sufriendo como todos pero con la confianza que la vida continua en una plenitud que imaginamos de lejos contemplando a Jesús.
En esto puede ayudarnos el camino de fe que Jesús hace con la otra hermana María. María con su actitud mas contemplativa, interior se presenta como la hermana mas dolida, la que mas necesita el consuelo de los conocidos. María queda en la casa encerrada por su dolor. A María aplastada por el dolor, mas cargada de dudas que Marta, Jesús contesta rezando. A María Jesús no da ninguna catequesis sobre la resurrección, esto ya lo había hecho con Marta. Frente a María Jesús llora, se une a su llanto, da paso a su dolor por la muerte del amigo Lazaro. El llanto de Jesús se llena de oración a Dios, un Dios que llama confiadamente Padre.
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.
Así termina el relato. A decir la verdad la casa era de los tres: Marta, Lazaro y María. Pero la que ayuda el camino de fe es María. A pesar que sea Marta que escucha la enseñanza preclara de Jesús es la actitud sumisa, sufrida pero confiada la que ayuda a muchos en creer.
En estos día en los cuales la cuarentena nos invita a rezar solos en nuestras casas extrañando la celebración con los hermanos en la fe pueden ser días parecidos a la experiencia de María que sufre su duelo en oración y logra no tanto una clase de catecismo (por cuanto importante) sino que Jesús se una a su oración.
Por cuanto ante de ayer fue de gran aliento compartir por los medios la oración con el santo padre Francisco no le escondo cuanto cueste este momento... Justo el viernes leí una oración del papa san Pablo VI que siempre me dejó pensativo y que ahora siento que se está haciendo mi oración:
¿Quién puede escuchar nuestro lamento una vez más, sino Tú, Dios de la vida y de la muerte? (13 de mayo de 1978).
Seguimos en oración con Jesús dolido por la muerte de Lazaro como de todos sus amigos que están sufriendo y muriendo en estos días. Rezamos al Dios de la vida y de la muerte, a María que estaba bajo la cruz, a los santos. Pienso en san Luís (del cual nuestro Santuario MTA guarda una estatua) que murió cuidando los enfermos de una epidemia de peste en 1591. A las palabras de san Luís dejo la profesión de fe en Jesús Resurrección y Vida, son palabras tomadas de la carta que Luís dirige a su madre desde su cama de muerte:
Al morir, (DIOS) nos quita lo que antes nos había prestado, con el solo fin de guardarlo en un lugar más inmune y seguro, y para enriquecernos con unos bienes que superan nuestros deseos. Todo esto lo digo solamente para expresar mi deseo de que tú, ilustre señora, así como los demás miembros de mi familia, consideréis mi partida de este mundo como un motivo de gozo, y para que no me falte tu bendición materna en el momento de atravesar este mar hasta llegar a la orilla en donde tengo puestas todas mis esperanzas.
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