Anonimo, Orante, Siglo IV, Tarragona (España)
La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia... (Catecismo de la Iglesia Católica 1471).
No es fácil explicar que es la indulgencia. Empezamos por sus efectos.
El pecado además de herir nuestra amistad con Dios deca consecuencias en nosotros, en los demás, en la Iglesia y en la sociedad.
Ejemplo fácil se puede hacer con el robo. Quien roba hace algo malo por si mismo, algo no deseado por Dios, pero al mismo tiempo deja la víctima mas pobre y lleva en sus manos algo que no le pertenece.
El pedido de perdón – por medio del Sacramento de la Reconciliación, de la Santa Unción o por medio del deseo de los mismos con el compromiso de celebrarlos cuan pronto sea posible – restaura la relación con Dios pero aún deja la herida en el hermano y en si mismo.
En el caso del robo un arrepentimiento sincero debería llevar a la devolución o a la reparación.
Todo se complica cuando nuestros pecados generan consecuencias irreversible. El homicida no puede resucitar la víctima o lo robado no se puede devolver. Ni que hablar cuando el pecado hiere la interioridad de las personas y la cicatriz interior recuerda para siempre el daño hecho.
Por eso la Iglesia en su sabiduría nos ofrece las indulgencias.
Las indulgencias son practicas por medio de las cuales quien tiene conciencia de su pecado y de las heridas que esto dejó intenta sanarlas. Muchas veces la sanación no puede ser directa sino un aporte al gran tesoro de bien que como discípulos de Jesús resucitado y glorioso compartimos.
Parece remonte a un antiguo proverbio chino la primera conciencia del efecto mariposa:
🦋
el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo.
La indulgencia es el leve aleteo de alas de un discípulo de Jesús que quiere reparar sus faltas confiados que en otro lado del mundo alguien podrás beneficiar de eso.
Si no se puede devolver lo robado se puede cumplir un gesto solidario para que la injusta riqueza conseguida no quede con quien no debería poseerla. Si no se puede – por ahora – restaurar una relación fallida se puede comprometerse en mejorar las otras amistades y ojalá que otros aprendan como no caer en el mismo error.
Este “efecto mariposa” en la fe, la tradición de la Iglesia lo llama: comunión de los Santos.
Santo es Dios pero su santidad se comparte en personas que eligen ser cada día mas un aleteo de su bondad.
La Iglesia guiada por el papa Francisco anuncia una indulgencia en tiempo de enfermedad. La Iglesia quiere hacer cocientes que quien sufre la enfermedad causada por el Covid19, quien los cuida con valentía en cualquier forma, también quien reza por ellos está colaborando al bien de todos en las formas y los tiempos que solo Dios sabe.
Drama en el drama de esta enfermedad es no poder visitar quien la padece.
¿Como vivir la invitación de Jesús: estaba enfermo y me visitaron (Mt 25, 36) si no soy ni medico, ni enfermero ni otro profesional de la salud?
Rezando intensamente y dejando que los aleteos de mi oración sean llevados por Dios donde mas se necesitan.
La indulgencia no es practica intelectual o sentimental es practica de cuerpo.
Es hacer algo para el bien del mundo también cuando solamente es posible rezar. Es consumarse rodillas, es gastar los granos del Rosario, es renunciar a tiempo de sueño, es practicar un ayuno, es ofrecer una renuncia (y cada uno sabe cual es la mas sincera).
La practica de la indulgencia se puede comparar en los deportes de equipo al sacrificio que cada atleta particular está llamado en hacer para que sea el equipo entero que gane.
¡Indulgencia es decir “creo” a cuerpo entero!
Pietro Perugino, Entrega de las llaves a san Pietro, Roma (Capilla Sixtina), 1481/2.
Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles
- que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus,
- así como a los trabajadores de la salud,
- a los familiares
- y a todos aquellos que, en cualquier calidad, los cuidan.
“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”(Rom 12,12).
Las palabras escritas por San Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.
El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.
La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos.
Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble:
"Sobrenatural y a la vez humano.
Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo,
y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión." (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).
También el Papa Francisco, en estos últimos días, ha manifestado su cercanía paternal y ha renovado su invitación a rezar incesantemente por los enfermos de Coronavirus.
Para que todos los que sufren a causa del Covid-19, precisamente en el misterio de este padecer, puedan redescubrir "el mismo sufrimiento redentor de Cristo" (ibíd., 30), esta Penitenciaría Apostólica, ex auctoritate Summi Pontificis, confiando en la palabra de Cristo Señor y considerando con espíritu de fe la epidemia actualmente en curso, para vivirla con espíritu de conversión personal, concede el don de las Indulgencias de acuerdo con la siguiente disposición.
Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, a la práctica piadosa del Vía Crucis u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible.
Los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus según las palabras del divino Redentor: "Nadie tiene mayor amor que éste: dar la vida por sus amigos" (Jn 15,13), obtendrán el mismo don de la Indulgencia Plenaria en las mismas condiciones.
Esta Penitenciaría Apostólica, además, concede de buen grado, en las mismas condiciones, la Indulgencia Plenaria con ocasión de la actual epidemia mundial, también a aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí.
La Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas). Para obtener esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz.
Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los Enfermos y Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, socorra a la humanidad doliente, ahuyentando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.
Dado en Roma, el 19 de marzo de 2020.
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