jueves, 19 de marzo de 2020

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación...

Escuchaba la oración “A ti bienaventurado José” del papa Leon XIII cuando desde niño llegaba a la capilla por la Misa y algunas señoras estaban terminando de rezar el Rosario. Confieso que no la entendía. Por cuanto pronunciada en mi lengua tenía palabras y formas expresivas que sonaban tan antiguas cuanto el latín. Admito que hoy también no es fácil su lectura.

A pesar de eso – recordando la devoción de aquellas señoras que rezaban el Rosario ante de Misa – encuentro la oración cargada de profunda sabiduría. 
No voy a comentarla sencillamente me quedo en su comienzo: A ti... acudimos en nuestra tribulación... solo por eso podemos sentirla actual en estos días de 2020. 

¿Porque a san José? 

Porque Él sabe las dificultades. Él que recibió a María a pesar de las dificultades y las dudas, quien huyó con su familia y se remangó para llevarla en adelante. 
Hoy en su fiesta rezamos confiados... que nos ilumine para salir de esta urgencia.

San José en Catedral de San José de Mayo (Uruguay)

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación; 
y después de invocar el auxilio de tu Santísima Esposa 
solicitamos también confiados tu patrocinio. 

Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, 
te tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, 
humildemente te suplicamos 
vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, 
y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, providentísimo Custodio de la Sagrada Familia la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción; 
asístenos propicio, desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, 
en esta lucha con el poder de las tinieblas: 
y, como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora, 
defiende a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, 
ya cada uno de nosotros protégenos con el perpetuo patrocinio, 
para que, a tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos 
santamente vivir 
y piadosamente morir 
y alcanzar en el cielo la eterna felicidad. Amén.

Leon XIII (1889) 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario