“...la comprensión de las palabras divinas crece con su reiterada lectura...
a esta intuición del gran traductor de la Biblia san Jerónimo que ha entrado en la enseñanza tradicional de la Iglesia (Catecismo 94) me atrevo a sumar que la comprensión de la sagrada escritura crece según el contexto del lector.
Todos vivimos un tiempo de ansia. No me escondo y les confío la preocupación por mi país y mi familia que vive en el mas grande brote actual.
En esta semana por lo tanto leyendo y rezando con la pagina que la Iglesia sugiere por este domingo me trancaba en los primeros renglones...
Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?
En otros contextos habría pasado por arriba esta pregunta. La habría explicada como un residuo histórico antiguo, superado, hasta un poco grosero. El hombre antiguo no podía pensar a nada que no tuviese en Dios su justificación y por lo tanto todo lo que es mal y sufrimiento es consecuencia y salario del pecado.
No podemos negar que la pregunta vuelve hoy por cuanto vestida con trajes modernos.
¿Quién tiene la culpa por esta pandemia que el mundo vive?
¿Cómo es posible que tantas ciencias no supieron prevenirla y parece que tarden en solucionarla?
Estamos demasiado acostumbrados a tener una respuesta para todo. Pensemos en muchas formas de nuestro hablar... siempre conocemos quien es responsable de las cosas. Hasta frente a la muerte siempre hay la sospecha de un error medico o de un fallo en algún punto del proceso de terapia. La frase casi proverbial: no reaccionó a las terapias hecha la responsabilidad al mismo enfermo que – sin culpa obviamente – no pudo gozar de una terapia que por si misma podía salvarlo.
Démosle las tonadas que preferimos pero la pregunta hoy se pega a nuestros labio y como un grito de enojo o de suplica sube al cielo:
Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?
Maestro, ¿quién ha pecado, porque en este primer año de la tercera década del siglo XXI la humanidad entera tiene miedo a un parasito invisible? ¿porque tanto conocimiento acumulado no encuentra soluciones?
Escuchamos la respuesta de Jesús:
Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Primero: gracias Jesús.
El sufrimiento que ahora nos aprieta y nos encierra en las cuarentenas del ansia no es la pena por nuestros pecados, no es una sanción o una prenda que Dios envió. Queda misteriosa la origen del mal pero queda luminosamente claro que hasta en el sufrimiento mas oscuro Dios puede manifestarse... nació así para que se manifestar la obra de Dios.
Terminada esta afirmación sin explicación alguna Jesús habla sobre un “nosotros” que debemos trabajar en la obra de Aquel que me envió. La obra es de Dios, el trabajo es de mucho es de “nosotros”.
Por lo tanto vemos la obra de Dios en los tantos trabajadores de la salud que – arriesgando la propia salud – están cuidando los enfermos. Juntos con las marcas del sufrimiento de quien cae enfermo y ahogado por la gripe vemos la marca de la pasión de quien los cuida: sus rostros heridos por los tapabocas que los protegen, sus manos cansadas, sus inteligencias rendidas cuando no se puede hacer nada mas que levantar el teléfono para anunciar lo peor.
Juntos con las marcas del sufrimiento de quien cae enfermo y ahogado por la gripe vemos la marca de la pasión de quien en estos días en su casas o pasando rápidamente en el Templo o en el Santuario ha rezado hasta consumar los granos del Rosario para que sea leve esta cruz, de quien está ofreciendo hoy el dolor para no poder celebrar el día Domingo, de quien está en espera de saber la evolución de la enfermedad propia o de algún ser querido, por fin las marcas invisibles de la pasión de los tantos que no pudieron abrazar una ultima vez los seres queridos y tuvieron que despedirlos a distancias y en la soledad.
Por cuanto todo esto es pesado, esta es la obra de Dios a la cual Jesús ahora nos convoca.
Jesús sigue hablando sobre una noche:
llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
La referencia segura era a su pasión que sentía cada día mas cercana. Nosotros también estamos condenado a un tiempo de inactividad: son mas las cosas que es mejor no hagamos.
Cruzamos esta noche esperanzados. Esperanzados porque ya nos parece vislumbrar la luz. Por ahora no es una luz que apague las oscuridades pero cuanto basta para seguir paso a paso.
Por muchos lados escuchamos decirnos que el camino, nuestro camino de la cruz este año va a ser largo. Lo enfrentamos llevando en el corazón y en los labios la pregunta del centinela sobre que habla el profeta Isaias (profeta de la Navidad y del Viernes Santo):
Centinela ¿Cuando queda de la noche? (Is 21, 11)...
y rezamos para que llegue un otro centinela anunciado en la Biblia esta vez por Jeremías el profeta de la alianza nueva y por lo tanto de la mañana de Pascua:
Así habla el Señor: ... yo suscité por ustedes centinelas: “presten atención...” (Jer 6,17).
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