Mostrando las entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta fe. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de mayo de 2020

HOMILÍA: Ascensión del Señor (24 de mayo de 2020) Mateo 28, 16 – 20.


Los cuarenta días de las apariciones del resucitado medidos por san Lucas al comienzo de los Hechos de los Apóstoles son medidos “después de su pasión”. La pagina de san Mateo con el mismo relato es introducida con “después de la resurrección”. Sin medirlo también Mateo nos relata un tiempo entre la pascua y la ascensión a lo largo del cual los once pudieron volver a Galilea. 

La Ascensión sella los eventos de la Pascua: tanto la pasión cuanto la resurrección. 

En su pasión y muerte Jesús se humilló (Fil 2) hasta el final. Hasta el extremo. Llegó a compartir el destino de los peores malhechores, a pesar de su actitud bondadosa, Jesús vive todas las dificultades del creyente que carga el sufrimiento. Su oración pasa por el agradecimiento, la confianza pero también por la suplica y hasta la lamentación. Con su bajada al lugar de los muertos Jesús recorre el camino humano hasta su paso mas difícil cual es la muerte y lo que sigue: aquel juicio donde mas que sancionar las culpas se rescatarán los méritos pero al mismo tiempo se sanarán las heridas que los pecados han dejado en nosotros. Jesús no tenía rasgos de pecado – a pesar de eso – ya la primera generación de los creyentes proclamaba su fe en el descenso a los infiernos rescatando como la existencia del Hijo de Dios fue solidaria con los hombres de verdad hasta el final. 

Después de su pasión, después de su resurrección...

La pasión tiene un después. Es la resurrección. 

La Ascensión nos dice que también la resurrección anuncia un después o sea también la resurrección como la vida ante de la muerte es un camino a recorrer. Contemplamos este camino de la resurrección, este después de la resurrección en la luz de la palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece. 

Primer paso del camino: creer en la resurrección. 
Tampoco quien lo vio resucitado fue preservado de esta dificultad: sin embargo, algunos todavía dudaron. Recuerda san Mateo. La resurrección como todos los hechos de gracias de la vida de Jesús acontecieron una vez para siempre pero por nuestro lado necesitan ser constantemente renovados. En esto nos ayudó el camino de la Pascua desde la mañana de la resurrección con el sepulcro vacío, la tarde con la aparición del Señor misericordioso a los apóstoles reunidos y a los dos que huían camino a Emaús, ocho días después otra vez a los apóstoles incluido Tomás que cree contemplando las heridas. Nos ayudó reconociendo el Resucitado en las imagen del pastor con la cual Jesús se había descrito en su vida, nos ayudó reconociendo la paternidad de Dios en la experiencia filial de Jesús y en el Espíritu que desde la cruz empieza a soplar... 
Será un camino nunca acabado... el Resucitado tiene palabras clara: hasta los confines de la tierra (según san Lucas) hasta el fin del mundo (según san Mateo). Tienen valor geográfico y nos hacen pensar en la Misión de la Iglesia pero tienen además un valor personal: la fe será un camino que nunca termina. 

Esto abre el segundo paso. El discípulo se transforma en testigo: serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (según san Lucas), vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos (Según san Mateo). Por cuanto la fe en la resurrección pueda ser frágil, constantemente expuesta al riesgo de caer, el discípulo puede ser testigo. En este desafío no estamos solos con nosotros queda Jesús: yo estaré siempre con ustedes (según san Mateo) recibirán la fuerza del Espíritu Santo (según san Lucas).

Esta presencia nueva de Jesús por medio del Espíritu nos abre a un tercer paso. El discípulo que cree e desea ser testigo vive invocando, rogando, deseando esta presencia de Dios. La Ascensión estrena además el tiempo de la Iglesia que conmemora, celebra y reza. 
Según Mateo las ultimas palabras del Resucitado recuerdan la tarea de bautizar o sea de “sumergir”, envolver todo con el nombre de Dios, con su presencia, según san Lucas las ultimas palabras del Resucitado son pronunciadas En una ocasión mientras estaba comiendo con ellos... o sea renovando la acción de gracias en la comunión con la cual Jesús se había despedido. La Ascensión es el comienzo del tiempo de los Sacramentos: el tiempo donde Jesús se hace presente en los signos de la Iglesia. Hay los Siete Sacramentos que todos conocemos y hay todos los gestos sacramentales que la Iglesia sabe cumplir o sea todos los gestos que ayudan a creer y ser animados al testimonio, a vivir los primeros dos pasos en la resurrección. 

Ubico por fin un cuarto paso. Les confieso que este año por como vivimos la Pascua lo sentí mas fuerte. La Ascensión nos recuerda por fin que la Resurrección ha acontecido en Jesús pero para nosotros todavía tiene que llegar. La Ascensión nos recuerda que por ahora estamos en la tierra en una vida enmarcada por la muerte. Que nos guste o menos debemos sacar la cuenta con nuestro fin. La fe, la esperanza, la resurrección prometida son un camino que pasa por las puertas estrictas del sufrimiento y de la muerte. 

La Ascensión nos recuerda que por ahora los primeros tres pasos que hemos recordado son una gracia a pedirse: 
hay que pedir la fe y custodiarla cuando se recibe. 
Hay que pedir la fuerza del testimonio y la valentía en no traicionar nuestra fe. 
Hay que pedir que los frutos de los sacramentos broten en nosotros. 
Fe, testimonio, sacramentos por el lado de Dios son donados una vez para siempre después de su pasión, después de su resurrección, por nuestro lado son un tesoro que en vasija de barro que hay que proteger. 
En la segunda lectura san Pablo nos dice: que Él (Dios) ilumine sus corazones para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados...

Un poco lo viví y lo pedí para tantos hermanos: que las dificultades de esta emergencia nos ayuden a valorar la esperanza y sentirnos bendecidos por poseer esta esperanza por cuanto siempre debamos conquistarla. 

El Señor asciende entre aclamaciones. Respondemos al Salmo. Que entre las aclamaciones de esta renovada ascensión haya nuestra profesión de fe, nuestro testimonio que trasforma en frutos los sacramentos recibidos, nuestra esperanza. 

jueves, 30 de abril de 2020

ORACIÓN DEL ROSARIO en la pandemia de COVID-19 (Mayo 2020)



Hace CLICK en las imágenes y encontrarás como rezar el Rosario (Imágenes de arriba)
o donde escuchar el Rosario (Imagen de abajo).

Al final del ROSARIO ofrece una 
entre estas dos oraciones 
propuestas por el papa Francisco:

Oración a María
Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Oración a Maria
«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.
Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. 
Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.
Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.
Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.
Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.
Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.
Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.
Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.
Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.
Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.
Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. 
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏

CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A TODOS LOS FIELES PARA EL MES DE MAYO DE 2020

Queridos hermanos y hermanas:
Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. 
En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. 
Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.
 Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo.
Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. 
Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.
Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.
Queridos hermanos y hermanas: 
Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista

Francisco

sábado, 21 de marzo de 2020

CATEQUESIS EN FAMILIA PARA NIÑOS: Roto... no para siempre...



Luego de mirar el cortometraje titulado: ROTO 📼

Dialoga 💬 junto con tu familia: 

  1. Nombren los personajes que aparecen

  2. ¿En qué lugar se encuentra la niña al principio? 

  3. ¿Qué comienza a suceder? 

  4. ¿Porque piensas que le sucede eso? 

  5. ¿Quién aparece a brindarle ayuda?

  6. ¿De qué manera le ayuda? 

  7. ¿Cómo reacciona la niña en el momento que le entrega el regalo?

  8. Escribe el mensaje final que aparece en pantalla.


¡Manos 🤲🏼 a la obra!

  • Busca una cartulina o una hoja blanca que no utilices

  • Marca el contorno de un corazón 💖 lo mas grande que puedas

  • Recórtalo 

  • Luego lo completas como quieras con diferentes colores, fibras o pegándole papelitos de colores. 🎨

  • Escribe ✍🏼una palabra o una frase que represente el amor de Jesús. Ejemplo: confianza, fe, esperanza, Él no nos abandona, está con nosotros o lo que desees escribir. También puedes escribir los nombres de los integrantes de tu familia.

    ¡Lo puedes armar como mas te guste!



    Puedes colocarlo en la pared de tu cuarto 
    o en la ventana de tu casa. 

RECUERDA: ¡Jesús te ama!

¡NO OLVIDES! 
Puedes tomar una foto 📸🤳🏼del corazón que confeccionaste y compartirlo con nosotros en los comentarios... 



Cristianos en oración en el día del Señor (22 de marzo de 2020)


Domingo 22 de marzo 2020 
no pudiendo reunirnos para celebrar el Día del Señor 
(causa prevención Covid 19 - Coronavirus)
nos unimos a pesar de las distancias rezando 

el SALMO 90

a las 12 horas.

Como cristianos de diferentes Iglesias 
pero discípulos del Único Dios de la Vida 
pedimos por la liberación de todo mal.

SALMO 90 (89) - Eternidad de Dios y transitoriedad del hombre

Señor, tú has sido nuestro refugio de una generación a otra generación.
Antes de que nacieran los montes y de que formaras la tierra y el mundo; desde los tiempos primeros y hasta los tiempos postreros, ¡tú eres Dios!
Nos devuelves al polvo cuando dices: «¡De vuelta al polvo, seres mortales!»
Para ti, mil años son, en realidad, como el día de ayer, que ya pasó; ¡son como una de las vigilias de la noche!
¡Nos arrebatas como una violenta corriente! ¡Somos etéreos como un sueño! ¡Somos como la hierba que crece en la mañana!
Por la mañana crecemos y florecemos, y por la tarde se nos corta, y nos secamos.
Con tu furor somos consumidos; con tu ira quedamos desconcertados.
Tienes ante ti nuestras maldades; ¡pones al descubierto nuestros pecados!
Nuestra vida declina por causa de tu ira; nuestros años se esfuman como un suspiro.
10 Setenta años son los días de nuestra vida; ochenta años llegan a vivir los más robustos. Pero esa fuerza no es más que trabajos y molestias, pues los años pronto pasan, lo mismo que nosotros.
11 ¿Quién conoce la fuerza de tu ira, y hasta qué punto tu enojo debe ser temido?
12 ¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría!
13 Señor, ¿hasta cuándo te volverás a nosotros? ¡Calma ya tu enojo con tus siervos!
14 ¡Sácianos de tu misericordia al empezar el día, y todos nuestros días cantaremos y estaremos felices!
15 ¡Danos la alegría que no tuvimos todo el tiempo que nos afligiste, todos los años en que experimentamos el mal!
16 ¡Haz que tus obras se manifiesten en tus siervos, y que tu gloria repose sobre sus hijos!
17Señor y Dios nuestro, ¡muéstranos tu bondad y confirma la obra de nuestras manos! ¡Sí, confirma la obra de nuestras manos!

Reina Valera Contemporánea™ © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2010.

PEQUEÑA CATEQUESIS SOBRE LA INDULGENCIA - Cuando decimos “yo creo” a cuerpo entero.

Anonimo, Orante, Siglo IV, Tarragona (España)

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia... (Catecismo de la Iglesia Católica 1471). 

No es fácil explicar que es la indulgencia. Empezamos por sus efectos. 
El pecado además de herir nuestra amistad con Dios deca consecuencias en nosotros, en los demás, en la Iglesia y en la sociedad. 

Ejemplo fácil se puede hacer con el robo. Quien roba hace algo malo por si mismo, algo no deseado por Dios, pero al mismo tiempo deja la víctima mas pobre y lleva en sus manos algo que no le pertenece. 

El pedido de perdón – por medio del Sacramento de la Reconciliación, de la Santa Unción o por medio del deseo de los mismos con el compromiso de celebrarlos cuan pronto sea posible – restaura la relación con Dios pero aún deja la herida en el hermano y en si mismo. 
En el caso del robo un arrepentimiento sincero debería llevar a la devolución o a la reparación. 

Todo se complica cuando nuestros pecados generan consecuencias irreversible. El homicida no puede resucitar la víctima o lo robado no se puede devolver. Ni que hablar cuando el pecado hiere la interioridad de las personas y la cicatriz interior recuerda para siempre el daño hecho. 

Por eso la Iglesia en su sabiduría nos ofrece las indulgencias. 

Las indulgencias son practicas por medio de las cuales quien tiene conciencia de su pecado y de las heridas que esto dejó intenta sanarlas. Muchas veces la sanación no puede ser directa sino un aporte al gran tesoro de bien que como discípulos de Jesús resucitado y glorioso compartimos. 

Parece remonte a un antiguo proverbio chino la primera conciencia del efecto mariposa: 
🦋
el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo. 

La indulgencia es el leve aleteo de alas de un discípulo de Jesús que quiere reparar sus faltas confiados que en otro lado del mundo alguien podrás beneficiar de eso.

Si no se puede devolver lo robado se puede cumplir un gesto solidario para que la injusta riqueza conseguida no quede con quien no debería poseerla. Si no se puede – por ahora – restaurar una relación fallida se puede comprometerse en mejorar las otras amistades y ojalá que otros aprendan como no caer en el mismo error. 

Este “efecto mariposa” en la fe, la tradición de la Iglesia lo llama: comunión de los Santos. 
Santo es Dios pero su santidad se comparte en personas que eligen ser cada día mas un aleteo de su bondad. 

La Iglesia guiada por el papa Francisco anuncia una indulgencia en tiempo de enfermedad. La Iglesia quiere hacer cocientes que quien sufre la enfermedad causada por el Covid19, quien los cuida con valentía en cualquier forma, también quien reza por ellos está colaborando al bien de todos en las formas y los tiempos que solo Dios sabe. 

Drama en el drama de esta enfermedad es no poder visitar quien la padece. 

¿Como vivir la invitación de Jesús: estaba enfermo y me visitaron (Mt 25, 36) si no soy ni medico, ni enfermero ni otro profesional de la salud? 

Rezando intensamente y dejando que los aleteos de mi oración sean llevados por Dios donde mas se necesitan. 

La indulgencia no es practica intelectual o sentimental es practica de cuerpo. 

Es hacer algo para el bien del mundo también cuando solamente es posible rezar. Es consumarse rodillas, es gastar los granos del Rosario, es renunciar a tiempo de sueño, es practicar un ayuno, es ofrecer una renuncia (y cada uno sabe cual es la mas sincera). 

La practica de la indulgencia se puede comparar en los deportes de equipo al sacrificio que cada atleta particular está llamado en hacer para que sea el equipo entero que gane. 

¡Indulgencia es decir “creo” a cuerpo entero!

Pietro Perugino, Entrega de las llaves a san Pietro, Roma (Capilla Sixtina), 1481/2.

Decreto de la Penitenciaría Apostólica 
Se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles 
  • que sufren la enfermedad de Covid-19, comúnmente conocida como Coronavirus, 
  • así como a los trabajadores de la salud, 
  • a los familiares 
  • y a todos aquellos que, en cualquier calidad, los cuidan.


“Con la alegría de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración”(Rom 12,12). 
Las palabras escritas por San Pablo a la Iglesia de Roma resuenan a lo largo de toda la historia de la Iglesia y orientan el juicio de los fieles ante cada sufrimiento, enfermedad y calamidad.
El momento actual que atraviesa la humanidad entera, amenazada por una enfermedad invisible e insidiosa, que desde hace tiempo ha entrado con prepotencia a formar parte de la vida de todos, está jalonado día tras día por angustiosos temores, nuevas incertidumbres y, sobre todo, por un sufrimiento físico y moral generalizado.

La Iglesia, siguiendo el ejemplo de su Divino Maestro, siempre se ha preocupado de cuidar a los enfermos. 

Como indicaba San Juan Pablo II, el valor del sufrimiento humano es doble: 
"Sobrenatural y a la vez humano. 
Es sobrenatural, porque se arraiga en el misterio divino de la redención del mundo, 
y es también profundamente humano, porque en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión." (Carta Apostólica Salvifici Doloris, 31).

También el Papa Francisco, en estos últimos días, ha manifestado su cercanía paternal y ha renovado su invitación a rezar incesantemente por los enfermos de Coronavirus.
Para que todos los que sufren a causa del Covid-19, precisamente en el misterio de este padecer, puedan redescubrir "el mismo sufrimiento redentor de Cristo" (ibíd., 30), esta Penitenciaría Apostólica, ex auctoritate Summi Pontificis, confiando en la palabra de Cristo Señor y considerando con espíritu de fe la epidemia actualmente en curso, para vivirla con espíritu de conversión personal, concede el don de las Indulgencias de acuerdo con la siguiente disposición.

Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, a la práctica piadosa del Vía Crucis u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible.

Los agentes sanitarios, los familiares y todos aquellos que, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano, exponiéndose al riesgo de contagio, cuidan de los enfermos de Coronavirus según las palabras del divino Redentor: "Nadie tiene mayor amor que éste: dar la vida por sus amigos" (Jn 15,13), obtendrán el mismo don de la Indulgencia Plenaria en las mismas condiciones.

Esta Penitenciaría Apostólica, además, concede de buen grado, en las mismas condiciones, la Indulgencia Plenaria con ocasión de la actual epidemia mundial, también a aquellos fieles que ofrezcan la visita al Santísimo Sacramento, o la Adoración Eucarística, o la lectura de la Sagrada Escritura durante al menos media hora, o el rezo del Santo Rosario, o el ejercicio piadoso del Vía Crucis, o el rezo de la corona de la Divina Misericordia, para implorar a Dios Todopoderoso el fin de la epidemia, el alivio de los afligidos y la salvación eterna de los que el Señor ha llamado a sí.

La Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas). Para obtener esta indulgencia se recomienda el uso del crucifijo o de la cruz.

Que la Santísima Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, Salud de los Enfermos y Auxilio de los Cristianos, Abogada nuestra, socorra a la humanidad doliente, ahuyentando de nosotros el mal de esta pandemia y obteniendo todo bien necesario para nuestra salvación y santificación.

Dado en Roma, el 19 de marzo de 2020.