Los cuarenta días de las apariciones del resucitado medidos por san Lucas al comienzo de los Hechos de los Apóstoles son medidos “después de su pasión”. La pagina de san Mateo con el mismo relato es introducida con “después de la resurrección”. Sin medirlo también Mateo nos relata un tiempo entre la pascua y la ascensión a lo largo del cual los once pudieron volver a Galilea.
La Ascensión sella los eventos de la Pascua: tanto la pasión cuanto la resurrección.
En su pasión y muerte Jesús se humilló (Fil 2) hasta el final. Hasta el extremo. Llegó a compartir el destino de los peores malhechores, a pesar de su actitud bondadosa, Jesús vive todas las dificultades del creyente que carga el sufrimiento. Su oración pasa por el agradecimiento, la confianza pero también por la suplica y hasta la lamentación. Con su bajada al lugar de los muertos Jesús recorre el camino humano hasta su paso mas difícil cual es la muerte y lo que sigue: aquel juicio donde mas que sancionar las culpas se rescatarán los méritos pero al mismo tiempo se sanarán las heridas que los pecados han dejado en nosotros. Jesús no tenía rasgos de pecado – a pesar de eso – ya la primera generación de los creyentes proclamaba su fe en el descenso a los infiernos rescatando como la existencia del Hijo de Dios fue solidaria con los hombres de verdad hasta el final.
Después de su pasión, después de su resurrección...
La pasión tiene un después. Es la resurrección.
La Ascensión nos dice que también la resurrección anuncia un después o sea también la resurrección como la vida ante de la muerte es un camino a recorrer. Contemplamos este camino de la resurrección, este después de la resurrección en la luz de la palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece.
Primer paso del camino: creer en la resurrección.
Tampoco quien lo vio resucitado fue preservado de esta dificultad: sin embargo, algunos todavía dudaron. Recuerda san Mateo. La resurrección como todos los hechos de gracias de la vida de Jesús acontecieron una vez para siempre pero por nuestro lado necesitan ser constantemente renovados. En esto nos ayudó el camino de la Pascua desde la mañana de la resurrección con el sepulcro vacío, la tarde con la aparición del Señor misericordioso a los apóstoles reunidos y a los dos que huían camino a Emaús, ocho días después otra vez a los apóstoles incluido Tomás que cree contemplando las heridas. Nos ayudó reconociendo el Resucitado en las imagen del pastor con la cual Jesús se había descrito en su vida, nos ayudó reconociendo la paternidad de Dios en la experiencia filial de Jesús y en el Espíritu que desde la cruz empieza a soplar...
Será un camino nunca acabado... el Resucitado tiene palabras clara: hasta los confines de la tierra (según san Lucas) hasta el fin del mundo (según san Mateo). Tienen valor geográfico y nos hacen pensar en la Misión de la Iglesia pero tienen además un valor personal: la fe será un camino que nunca termina.
Esto abre el segundo paso. El discípulo se transforma en testigo: serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (según san Lucas), vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos (Según san Mateo). Por cuanto la fe en la resurrección pueda ser frágil, constantemente expuesta al riesgo de caer, el discípulo puede ser testigo. En este desafío no estamos solos con nosotros queda Jesús: yo estaré siempre con ustedes (según san Mateo) recibirán la fuerza del Espíritu Santo (según san Lucas).
Esta presencia nueva de Jesús por medio del Espíritu nos abre a un tercer paso. El discípulo que cree e desea ser testigo vive invocando, rogando, deseando esta presencia de Dios. La Ascensión estrena además el tiempo de la Iglesia que conmemora, celebra y reza.
Según Mateo las ultimas palabras del Resucitado recuerdan la tarea de bautizar o sea de “sumergir”, envolver todo con el nombre de Dios, con su presencia, según san Lucas las ultimas palabras del Resucitado son pronunciadas En una ocasión mientras estaba comiendo con ellos... o sea renovando la acción de gracias en la comunión con la cual Jesús se había despedido. La Ascensión es el comienzo del tiempo de los Sacramentos: el tiempo donde Jesús se hace presente en los signos de la Iglesia. Hay los Siete Sacramentos que todos conocemos y hay todos los gestos sacramentales que la Iglesia sabe cumplir o sea todos los gestos que ayudan a creer y ser animados al testimonio, a vivir los primeros dos pasos en la resurrección.
Ubico por fin un cuarto paso. Les confieso que este año por como vivimos la Pascua lo sentí mas fuerte. La Ascensión nos recuerda por fin que la Resurrección ha acontecido en Jesús pero para nosotros todavía tiene que llegar. La Ascensión nos recuerda que por ahora estamos en la tierra en una vida enmarcada por la muerte. Que nos guste o menos debemos sacar la cuenta con nuestro fin. La fe, la esperanza, la resurrección prometida son un camino que pasa por las puertas estrictas del sufrimiento y de la muerte.
La Ascensión nos recuerda que por ahora los primeros tres pasos que hemos recordado son una gracia a pedirse:
hay que pedir la fe y custodiarla cuando se recibe.
Hay que pedir la fuerza del testimonio y la valentía en no traicionar nuestra fe.
Hay que pedir que los frutos de los sacramentos broten en nosotros.
Fe, testimonio, sacramentos por el lado de Dios son donados una vez para siempre después de su pasión, después de su resurrección, por nuestro lado son un tesoro que en vasija de barro que hay que proteger.
En la segunda lectura san Pablo nos dice: que Él (Dios) ilumine sus corazones para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados...
Un poco lo viví y lo pedí para tantos hermanos: que las dificultades de esta emergencia nos ayuden a valorar la esperanza y sentirnos bendecidos por poseer esta esperanza por cuanto siempre debamos conquistarla.
El Señor asciende entre aclamaciones. Respondemos al Salmo. Que entre las aclamaciones de esta renovada ascensión haya nuestra profesión de fe, nuestro testimonio que trasforma en frutos los sacramentos recibidos, nuestra esperanza.
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