De Raffaella Iafrate (Universidad Católica de Milán – Italia)
Desgrabación y traducción desde el Italiano por Marco Bottoni no confirmada por la autora.
Salvador Dalí, La persistencia de la memoria (1931), Nueva York, MOMA.
Podríamos decir que la diferencia son las característica de la perdida que el Covid19 lleva consigo.
Podríamos ubicar cuatro desafíos que podemos enfrentar con recursos generativos a nuestro alcance.
Como nos recordó papa Francisco
no pensemos solamente a lo que falta sino al bien que podemos hacer.
Primer desafío:
la perdida generada por el Covid abarca todo el espacio.
No es parcial sino global, ocupa toda la cancha porque es una perdida colectiva que abarca una entera generación. Genera un vacío en la vida de los mayores que escuchan la noticia de la muerte de conocidos o coetáneos con los cuales se había compartido la historia de las ultimas décadas.
Es una perdida que abarca el espacio.
¿Cual respuesta fecunda a este desafío?
A una grande perdida que es muerte debemos contestar con una gratitud por la vida del mismo tamaño. En esto están convocadas las generaciones más jóvenes: los hijos, aún más los nietos llamados a llenar de gratitud este espacio ocupado por la perdida.
Cuidar la gratitud.
Una cura que escapa a las lógicas de mercado sino se expresa en actitudes solidarias y en el deseo de corresponder al don de la vida. Don recibido por los padres. Deseo de corresponder a los afectos y a los cuidados recibidos por los abuelos. Regalos importantes y preciosos en el camino de crecimiento.
Es el tiempo en el cual los mas jóvenes pueden mostrar su gratitud a las generaciones que los precedieron, una oportunidad para dar la vuelta a la costumbre de vivir en forma pasiva, la oportunidad de mostrar que la vida es mas fuerte que la muerte y que la gratitud puede hacer mas llevadera la perdida.
Segundo desafío:
el tiempo.
La perdida por el Covid19 tiene a que ver con el tiempo.
No llega esperada y con medida sino aplasta, no deja tiempo para pensarla, acontece en una emergencia que quita el aliento (y no es una metáfora), en un contexto agitado, muy agitado.
¿Cual puede ser la respuesta fecunda a esta perdida?
Podríamos decir que a la tiranía del tiempo cruel de la emergencia, un kronos que se come sus hijos sin dejar espacio para pensar, es necesario proponer de vuelta un tiempo de gracia, un Kairos, un tiempo que – sin negar – devuelve dignidad al sufrimiento recuperando dignidad, reflexión, conciencia por lo que pasó, devolver sentido también a los eventos mas sufridos.
Nunca es demasiado tarde para recortarse un tiempo para repensar a lo que pasó para volver a los mismos, para tomar conciencia y no dejar que sea la angustia que nos domine.
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