Cristo resucitado en Emaús,
composición en mosaico de John Piper (1903-1992),
pared de mosaico de 18 pies, ejecutado en 1961
© Iglesia de San Pablo, Harlow, Essex, Inglaterra.
En el camino de los dos que huyen de Jerusalén a Emaús reconocemos el camino difícil de la fe de muchos, también de nosotros en algunos momentos de nuestra vida.
Por la respuesta que ofrecen al desconocido peregrino que los acompaña Cleofás y su compañero de camino saben todos sobre Jesús. El resumen que ofrecen es impecable conocen de verdad: vida, muerte, predicación, milagros y hasta conocen la noticia de la resurrección.
Todo esto no le dona ninguna esperanza. Su semblante triste resume muy bien su situación espiritual. Todo parece haber acabado con la cruz y el sepulcro de Jesús y a pesar que alguien haya visto el sepulcro vacío y vaya diciendo que está vivo no es más que una de las muchas rarezas de la vida del profeta poderoso en obras y palabras. Obras y palabras que parecen haber acabado según el triste destino de tantos con la muerte.
El camino del peregrino Jesús con los dos se transforma en una renovada catequesis sobre quién fue Jesús y cómo ya en los libros de la Biblia de Israel (Moisés y los demás profeta) se anunciaba lo que pasó a Jesús mismo.
Dije catequesis que es algo mas que saber. Se pueden saber muchas cosas y nada mas o se puede dejar que lo que sabemos resuene en nosotros y vuelva ser la razón de nuestro diario vivir, amar y luchar.
Esto es el camino mas profundo y autentico que Jesús hace con los dos. Los dos necesitan resurgir ellos mismos.
Advertimos algo semejantes con el momento que vivimos: todos lo que sabemos parece de repente no servir. Una persona hace pocos me hizo un comentario sencillo, aparentemente superficial o casi grosero pero al final enfoca el drama que vivimos, me decía: cuatro mil años de ciencia para decirnos que debemos lavarnos las manos. Creo que haya algo parecido en la experiencia de los dos de Emaús... sabemos tanto pero no sabemos que hacer con tanto conocimiento.
Por el camino Jesús los ayuda a encontrar un sentido nuevo... donde lo que ya saben puede asumir un sentido renovado y a pesar que no soluciona todo puede transformarse. Conocemos la terapia: escucha de la palabra que culmina en el pan partido y compartido, aquel gesto que Jesús había transformado en su presencia en la ultima cena.
Si el camino rumbo a Emaús era huir, alejarse de la ciudad donde el profeta Jesús había encontrado la muerte y donde sus discípulos podían encontrar dificultad el renovado encuentro con Jesús por medio de la palabra de Dios y por medio del Sacramento del pan anima a volver, volver desafiando la noche, volver desafiando todas las dificultades que hasta hace poco habían justificado la huida.
Los dos que han encontrado a Jesús resucitado no vuelven a un lugar cualquiera, vuelven a la comunidad reunida, la comunidad que ya profesa la fe. Como Tomás - sobre que escuchamos el pasado domingo - es la comunidad reunida el cauce donde la fe se arraiga y por lo tanto crece y es protegida.
Esto devuelve nuestra mirada sobre una otra fragilidad del momento que vivimos:
la imposibilidad de reunirnos para celebrar la fe, para escuchar en conjunto la Palabra, para partir el pan en memoria de Jesús. Ni que hablar que deseamos que termine pronto, al mismo tiempo rezamos para que muchos no se desalienten en la fe y no pierdan la orientación en los caminos de la vida. Los datos sobre las violencias, las depresiones asustan... invocamos a Jesus peregrino para que camine con nosotros a pesar de las distancias.
La ciudad es el lugar de la convivencia entre personas. La ciudad de Jerusalén se había vuelto hostil por los dos que huían al mas chicos y ojalá menos hostil Emaús. Hoy también la convivencia carga un rasgo de dificultad pedimos esta gracia: ¡camina con nosotros Jesús! ¡Ayúdanos a encontrar el camino de regreso a una convivencia posible!
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