jueves, 9 de abril de 2020

Homilía en la Misa en la cena del Señor (Jueves Santo)


 

Jueves Santo (S. Misa en la cena del Señor)
(9 de abril de 2020)
Juan 13, 1 – 15

Empezamos este tríduo pascual diferente contemplando los tres regalos que Jesús en este día nos renueva: 1) el mandamiento del amor, 2) su presencia en la Eucaristía, 3) el sacerdocio para que su herencia se mantenga viva. 
Uno de los proverbios bíblico reza: 
Hay tres cosas de paso majestuoso y cuatro que caminan con elegancia:
el león, el más fuerte entre los animales, que no retrocede ante nada; 
el gallo vigoroso, o el chivo,
y el rey al frente de su regimiento.(Proverbios 30, 29 – 31) 
Caminamos entre los regalos del Jueves Santo guiados por la sabiduría del pueblo de Jesús. 
1) Majestuoso es el león por su fuerza como majestuoso es Jesús que no se asusta delante de su pasión sino la transforma en una herramienta de amor, mejor un amor hasta el fin. 
Majestuoso es Jesús que – como el león no retrocede ante nada ni ante las suciedades de su discípulos, ni delante de sus rechazo, ni delante de sus pecados. Jesús que no retrocede ante nada lava los píes de los doce, doblega la resistencia de Pedro, perdona de la cruz a todos los que colaboran en su muerte.
Jesús que no retrocede ante nada no retrocede en aquella noche oscura de su entrega, no retrocede con su predicación. Mientras a su alrededor crece maldad anuncia y pide amor: les he dado el ejemplo. 

2) Majestuoso es – según el sabio de Israel – el gallo vigoroso o el chivo. Dos animales muy diferentes. El chivo nos recuerda los sacrificios de la Antigua Alianza. Por cuanto en la cena pascual se consumía un cordero, un chivo se ofrecía en el lugar mas santo del templo de Jerusalén para pedir el perdón de los pecados. La sangre del cordero pascual había protegido las casas del pueblo perseguido, la sangre del chivo una y otra vez en los siglos lavará las culpas. En Jesús las dos funciones se unen: Jesús es cordero y chivo: es protección y perdón, es aliento en la lucha contra el mal y consolación en el fracaso. Cuanto sentimos necesario esto en estos días difíciles. Cuanto es necesario que Jesús nos proteja pero al mismo tiempo nos aliente y cuanto sentimos necesario que sea Él nuestra esperanza en el ansia de la epidemia. La Eucaristía – la presencia de Jesús en pan y vino de la Misa – guarda este misterio. Jesús está: el pan es su cuerpo, el vino es su sangre – escuchamos en cada Misa – pero al mismo tiempo Jesús nos convoca a ser mejores imitándolo: hagan esto en conmemoración mía. Al mismo nivel del chivo por el sabio de Israel es majestuoso el gallo vigoroso. Cuando Jesús retoma esta imagen la vuelve femenina: ¡Cuántas veces quisereunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! (Mt 23, 37). Escuchamos el drama de esta frase pero al mismo tiempo la ternura. Jesús utiliza rasgos maternales para hablar de su deseo de salvar a todos. La madre cuanto el padre protege, una madre cuanto el padre se preocupa por el alimento de los hijos, una madre muchos mas que un padre tiene herramienta e innata sabiduría para que la comida sea bastante, saludable y rica. La Eucaristía es todo esto: es sustento, es promesa de vida que continua hasta llegar a ser eterna, es anticipo de la dulzura del cielo. 

3) Majestuoso – por fin – es el rey frente de su regimiento. Por cuanto majestuoso un rey no basta a si mismo sino necesita que su pueblo colabore con él para el bien de todos. Sobre todo necesita de la colaboración de los mas fuertes y valientes que lo acompañen como regimiento en los momentos mas difíciles. Así hizo Jesús en su ultima cena convocando a sus apóstoles y por medio de ellos a muchos mas en continuar su obra. Entre las tantas formas de colaborar con Jesús contemplamos hoy el sacerdocio y rezamos por los sacerdotes. Háganlo con generosidad.
  • Rueguen por su fidelidad, rueguen por su coherencia, rueguen por su felicidad. 
  • Imploren el Padre misericordioso por los muchos que traicionan las promesas hechas, por los que dan escándalo, por los que se acomodan, por los que pierden la valentía o el entusiasmo del comienzo. 
  • Recen por nuevas vocaciones al sacerdocio. Rezamos por Luciano que con Federico y otros jóvenes de nuestro país y de todo el mundo está preparandose a pronunciar su sí y al mismo tiempo pedimos nuevas y mas vocaciones y pedimos que los jóvenes tengan la valentía para decir sí. 
  • Agradezcan por los sacerdotes que encontraron en su vida y por la gracia de Dios que por medio ellos recibieron.
  • Por fin rueguen por mi que tengo la tarea de sacerdote en nuestra parroquia. El pasado año recordaba una invitación del papa Benedicto XVI que animaba los sacerdotes a rezar por su pueblo: “el coloquio personal con Cristo es una prioridad pastoral fundamental.... es precisamente rezar la “profesión del párroco”. Decía en 2010 el Papa emérito. Un año después estamos acá celebrando la Pascua extrañando tantos hermanos pero confiando que los alcanzamos solamente con la oración. 

Jesús – león, gallo o chivo, rey – está entre nosotros por medio de la Eucaristía. Tenemos la dicha de recibirla y sabemos cuantos hermanos nuestros no están pudiendo. La Iglesia de nuestro país soñaba un año eucarístico y se encuentra a cruzar un tiempo largo sin compartir como desearíamos el pan de la vida eterna. Pedimos al Señor Jesús realmente presente que despierte un renovado deseo de Él.
A las imágenes del león del gallo o chivo permítanme sumar una ultima: el pelicano bueno. La pelicano cuando está en apuro por no tener comida por los polluelos se hiere el pecho con su pico y los alimentas con su sangre. La sabiduría de la naturaleza esconde el misterio de Dios. Creo Señor que tu pasión este año se llama coronavirus, tus azotes los dolidos golpe de tos, tu corona de espinas los caños médicos de cuidado intensivo, tu soledad el aislamiento a lo cual estamos condenado. Levanta con nosotros esta cruz Señor y con tu sangre sálvanos. 



RENOVACIÓN DE LAS
PROMESAS SACERDOTALES

Todos los años en la Misa Crismal los sacerdotes renuevan las promesas hechas el día de su Ordenación. Este año la celebración no se llevó a cabo. 
Quiero ahora frente a Jesús presente en la Santa Eucaristía renovar personalmente y públicamente las promesas de mi Ordenación Sacerdotal. 
No está el Obispo a escucharlas en Persona de Cristo pero están ustedes en persona de toda la Santa Iglesia. Rueguen a Dios por el santo padre Francisco, por nuestro obispo Carlos y por todos lo Obispos, por todos los hermanos presbiterios y diáconos de nuestra Diocesis y de todo el mundo, por Luciano que con Federico y los demás seminarista del país y del mundo está preparándose al sacerdocio. 

Jesús, sumo y eterno sacerdote del “Dios de la vida y de la muerte”(Pablo VI, 13/5/1978),
Quiero renovar las promesas que hice ante el Obispo y ante el pueblo santo de Dios.
Quiero unirme y configurame más fuertemente a Ti renunciando a mi mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Ti, acepté gozoso el día de mi ordenación para el servicio de la Iglesia. 
Deseo permanecer fiel dispensador de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidor tuyo, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas.” 
(Ritual Misa Crismal)
Renuevo además mi compromiso de “perseverar en el mandato de orar sin desfallecer” (Ritual Ordenación) con tu pueblo y por tu pueblo. 
Confirma la obra que empezaste en mi llevándola a su cumplimiento, hazme cociente de lo que realizo, fortaléceme para imitar lo que celebro. (Cursiva desde Ritual de Ordenación: formula de entrega de pan y vino)
Conforma mi vida con el misterio de la cruz del Señor (Cursiva desde Ritual de Ordenación: formula de entrega de pan y vino)
hasta el encuentro final contigo, amado, esperado, bendito por los siglos” (Pablo VI, oración te necesitamos). AMEN. 



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