domingo, 24 de mayo de 2020

HOMILÍA: Ascensión del Señor (24 de mayo de 2020) Mateo 28, 16 – 20.


Los cuarenta días de las apariciones del resucitado medidos por san Lucas al comienzo de los Hechos de los Apóstoles son medidos “después de su pasión”. La pagina de san Mateo con el mismo relato es introducida con “después de la resurrección”. Sin medirlo también Mateo nos relata un tiempo entre la pascua y la ascensión a lo largo del cual los once pudieron volver a Galilea. 

La Ascensión sella los eventos de la Pascua: tanto la pasión cuanto la resurrección. 

En su pasión y muerte Jesús se humilló (Fil 2) hasta el final. Hasta el extremo. Llegó a compartir el destino de los peores malhechores, a pesar de su actitud bondadosa, Jesús vive todas las dificultades del creyente que carga el sufrimiento. Su oración pasa por el agradecimiento, la confianza pero también por la suplica y hasta la lamentación. Con su bajada al lugar de los muertos Jesús recorre el camino humano hasta su paso mas difícil cual es la muerte y lo que sigue: aquel juicio donde mas que sancionar las culpas se rescatarán los méritos pero al mismo tiempo se sanarán las heridas que los pecados han dejado en nosotros. Jesús no tenía rasgos de pecado – a pesar de eso – ya la primera generación de los creyentes proclamaba su fe en el descenso a los infiernos rescatando como la existencia del Hijo de Dios fue solidaria con los hombres de verdad hasta el final. 

Después de su pasión, después de su resurrección...

La pasión tiene un después. Es la resurrección. 

La Ascensión nos dice que también la resurrección anuncia un después o sea también la resurrección como la vida ante de la muerte es un camino a recorrer. Contemplamos este camino de la resurrección, este después de la resurrección en la luz de la palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece. 

Primer paso del camino: creer en la resurrección. 
Tampoco quien lo vio resucitado fue preservado de esta dificultad: sin embargo, algunos todavía dudaron. Recuerda san Mateo. La resurrección como todos los hechos de gracias de la vida de Jesús acontecieron una vez para siempre pero por nuestro lado necesitan ser constantemente renovados. En esto nos ayudó el camino de la Pascua desde la mañana de la resurrección con el sepulcro vacío, la tarde con la aparición del Señor misericordioso a los apóstoles reunidos y a los dos que huían camino a Emaús, ocho días después otra vez a los apóstoles incluido Tomás que cree contemplando las heridas. Nos ayudó reconociendo el Resucitado en las imagen del pastor con la cual Jesús se había descrito en su vida, nos ayudó reconociendo la paternidad de Dios en la experiencia filial de Jesús y en el Espíritu que desde la cruz empieza a soplar... 
Será un camino nunca acabado... el Resucitado tiene palabras clara: hasta los confines de la tierra (según san Lucas) hasta el fin del mundo (según san Mateo). Tienen valor geográfico y nos hacen pensar en la Misión de la Iglesia pero tienen además un valor personal: la fe será un camino que nunca termina. 

Esto abre el segundo paso. El discípulo se transforma en testigo: serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (según san Lucas), vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos (Según san Mateo). Por cuanto la fe en la resurrección pueda ser frágil, constantemente expuesta al riesgo de caer, el discípulo puede ser testigo. En este desafío no estamos solos con nosotros queda Jesús: yo estaré siempre con ustedes (según san Mateo) recibirán la fuerza del Espíritu Santo (según san Lucas).

Esta presencia nueva de Jesús por medio del Espíritu nos abre a un tercer paso. El discípulo que cree e desea ser testigo vive invocando, rogando, deseando esta presencia de Dios. La Ascensión estrena además el tiempo de la Iglesia que conmemora, celebra y reza. 
Según Mateo las ultimas palabras del Resucitado recuerdan la tarea de bautizar o sea de “sumergir”, envolver todo con el nombre de Dios, con su presencia, según san Lucas las ultimas palabras del Resucitado son pronunciadas En una ocasión mientras estaba comiendo con ellos... o sea renovando la acción de gracias en la comunión con la cual Jesús se había despedido. La Ascensión es el comienzo del tiempo de los Sacramentos: el tiempo donde Jesús se hace presente en los signos de la Iglesia. Hay los Siete Sacramentos que todos conocemos y hay todos los gestos sacramentales que la Iglesia sabe cumplir o sea todos los gestos que ayudan a creer y ser animados al testimonio, a vivir los primeros dos pasos en la resurrección. 

Ubico por fin un cuarto paso. Les confieso que este año por como vivimos la Pascua lo sentí mas fuerte. La Ascensión nos recuerda por fin que la Resurrección ha acontecido en Jesús pero para nosotros todavía tiene que llegar. La Ascensión nos recuerda que por ahora estamos en la tierra en una vida enmarcada por la muerte. Que nos guste o menos debemos sacar la cuenta con nuestro fin. La fe, la esperanza, la resurrección prometida son un camino que pasa por las puertas estrictas del sufrimiento y de la muerte. 

La Ascensión nos recuerda que por ahora los primeros tres pasos que hemos recordado son una gracia a pedirse: 
hay que pedir la fe y custodiarla cuando se recibe. 
Hay que pedir la fuerza del testimonio y la valentía en no traicionar nuestra fe. 
Hay que pedir que los frutos de los sacramentos broten en nosotros. 
Fe, testimonio, sacramentos por el lado de Dios son donados una vez para siempre después de su pasión, después de su resurrección, por nuestro lado son un tesoro que en vasija de barro que hay que proteger. 
En la segunda lectura san Pablo nos dice: que Él (Dios) ilumine sus corazones para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados...

Un poco lo viví y lo pedí para tantos hermanos: que las dificultades de esta emergencia nos ayuden a valorar la esperanza y sentirnos bendecidos por poseer esta esperanza por cuanto siempre debamos conquistarla. 

El Señor asciende entre aclamaciones. Respondemos al Salmo. Que entre las aclamaciones de esta renovada ascensión haya nuestra profesión de fe, nuestro testimonio que trasforma en frutos los sacramentos recibidos, nuestra esperanza. 

domingo, 17 de mayo de 2020

HOMILÍA: sexto Domingo de Pascua (Juan 14, 15 - 21) 17 de mayo de 2020


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Seguimos en un nuevo domingo de la Pascua escuchando las palabras de Jesús en su ultima cena... palabras cargada de preocupación para que sus discípulos puedan sobrellevar el drama de la pasión y muerte del Maestro, puedan entender el misterio de la resurrección y ser testigos del Evangelio que tuvieron la dicha de escuchar. El intenso anuncio de la paternidad de Dios que escuchamos el pasado domingo y que parece volver otra vez en las palabras escuchadas hoy guarda una promesa mas: el Espíritu de Dios. 
“Dios es Espíritu” escuchamos decir por Jesús en su encuentro con la mujer de Samaría que acompañó nuestra cuaresma. Por cuanto invisible el Espíritu que es Dios por el fiel judío no es algo abstracto sino algo que se conoce en lo que hace. La primera mención del Espíritu de Dios en la Biblia está en el relato de la creación en el segundo versículo de toda la Biblia cuando se dice que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas... aleteaba o cernía según otra traducción: un espirito activo, fecundo que engendra, protege y alienta la vida. Me permití esta amplia premisa porque la primera mención del Espíritu que Jesús nos ofrece hoy es un Espíritu Paráclito que podríamos traducir como “el que no deja solo” o “el defensor”. El Espíritu que es Dios es Dios en cuanto aliado con nosotros. Es Dios que – dice Jesús – permanece con nosotros y es un Espíritu de verdad o sea quien puede desvelar nuestro rasgos mas lindos y autenticos. Lo escuchamos en forma muy muy clara el pasado domingo Jesús está en el Padre. El Espíritu es Dios que nos recibe en la relación del Padre-Dios con Jesús su hijo. El Espíritu de la verdad es Dios que nos devuelve a nuestra verdad:y nuestra verdad es ser hijos de un Dios que es Padre así como su hijo Jesús lo hizo conocer. 
En estas alturas del anuncio de Jesús no perdemos el punto de partida: el Espíritu que es Dios vive en sus efectos. Justo en el corazón de la pagina Jesús anuncia su resurrección: Yo vivo y también ustedes vivirán. 
Jesús pastor bueno – como escuchamos hace dos domingos – llega por medio de una puerta que lo hace confiable pero Jesús es al mismo tiempo la puerta misma. 
Jesús hijo amado es vida, vive y vivirá para siempre en su resurrección pero al mismo tiempo se transformará en la vida para todos. 
Les invito que quedemos en la contemplación de esto. Dios en nosotros y nosotros en Dios.
Jesús va repitiendo reiteradamente lo mismo por lo tanto les invito a recorrer de vuelta la pagina escuchando cada anuncio de Jesús como una puerta sobre esta presencia de Dios en nosotros y de nosotros en Dios. Ojalá que este domingo mas de la Pascua nos deje renovada la conciencia de esto. 
Cuento 8 repeticiones de este anuncio: 
  1. PRIMERA: el Espíritu que no nos deja solos y que nos defiende, como expresado por el título paráclito, es fruto de la oración de Jesús o sea de su relación con el Padre. Nosotros también por medio de la oración podemos hacer presente y hacer eficaz el Espíritu que es Dios que no deja solos y defiende. Cuanto estamos viviendo esto en estos días de alejamiento. 
  2. SEGUNDA REPETICIÓN: El Espíritu es verdad y podemos conocerlo porque permanece y el verbo permanecer nos evoca aquella morada de muchas habitaciones que Jesús prometió como lugar de la compañía del Padre. 
  3. Este permanecer del Espíritu será el camino de la vuelta de Jesús: volveré a ustedes... (TERCER ANUNCIO DE CERCANÍA)
  4. Volverá como el viviente que comparte y dona vida así como una fuente de agua abundante dona agua hasta de sobra. (CUARTA REPETICIÓN). Esta demasía se hace mas clara en la 
  5. QUINTA REPETICIÓN: La vuelta de Jesús será la oportunidad para comprender que Jesús está en el Padre-Dios y que nosotros por medio de Él estamos en Dios y por lo tanto en el abrazo de los tres: Espíritu, Hijo y Padre-Dios
  6. Todo esto no es algo cerrado en si mismo, algo lindo que queda en nosotros sino algo que está llamado a desparramarse. Por eso en el SEXTO ANUNCIO Jesús habla sobre los mandamientos: la ley del amor que venía anunciando, mandamientos que son y serán el reflejo del amor que fluye desde Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Dios. 
  7. Y por fin... una vez mas en las SEPTIMA posición – por lo menos en mi intento de lectura – en la posición de la plenitud: un Dios que es amor que ama a los que le aman: el que me ama será amado por mi Padre. 
  8. El anuncio se escucha repetido el que me ama será amado por mi Padre y Yo lo amaré... Jesús espejo fiel del amor del Padre es al mismo tiempo la plenitud y el infinito del amor del Padre (como sugiere la octava y ultima repetición de la presencia de Dios con nosotros). Su pasión triste y sufrida revela la medida sin medida del amor y lo abre al infinito. 
Estamos en frente a cosas tan alta que pueden asustarnos. Descanso en un ejemplo de sabiduría de Santa Teresa del Niño Jesus (joven francesa del siglo XIX): 
Yo bien poca cosa puedo hacer, o, mejor, absolutamente nada si estuviese sola. (...) En efecto, el cero por sí solo no tiene valor, pero colocado junto a la unidad se hace poderoso, ¡con tal de que se lo coloque en el lugar debido, detrás y no delante...! Y ahí precisamente es donde Jesús me ha colocado a mí, y espero estar ahí siempre... 
Espíritu es Dios que nos coloca detrás del uno que es Jesús para que el amor del Padre sea reflejado en nosotros y en todo.
Dejemos que el Espíritu coloque nuestro cero detrás del uno y único Jesús.

domingo, 10 de mayo de 2020

HOMILÍA: quinto Domingo de Pascua (Juan 14, 1 - 12)


En doce versículos tomados de los discursos de adiós pronunciados por Jesús en la ultima cena, en doce versículos, doce veces aparece la palabra Padre: once veces en los labios de Jesús, una vez en el pedido de Felipe. El domingo que vivimos nos invita a contemplar la paternidad de Dios. 

Pasamos por arriba dos criticas a la paternidad de Dios – tan central en el anuncio de Jesús – dos criticas que tanto espacio tuvieron en el ultimo siglo. 

Primera critica: decir que Dios es padre no excluye que sea al mismo tiempo madre. Ya el profeta Isaias lo había entendido muy bien: ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! (Is 49,15). Y muchas otras citas confirmarían cuanto no falte la imagen materna para hablar sobre Dios. 

Segunda critica: tristemente no faltan ejemplos malos de padres que por lo tanto hacen el título “padre” algo por si mismo dudoso. A esta critica aún mas fuerte que la primera podemos responder haciendo nuestro el deseo del apóstol Felipe: cuando decimos Padre para dirigirnos a Dios mucho mas que nuestras ideas e imágenes de padre que – por cuanto buenas – son limitadas, debemos mirar al Padre-Dios así como Jesús lo anunció y lo testimonió en su experiencia de hijo. Recuerdo en el año jubilar del Santuario – hace dos años – cuando recibimos la visita de la hermana Doría Schilkmann (estudiosa de la historia del padre José Kentenich y del movimiento de Schoenstat) en el encuentro personal que tuve con ella me había aclarado como la insistencia pastoral del padre José sobre la paternidad de Dios tenía una de sus motivaciones en contrastar estas ideas criticas a la paternidad misma y mas en general al progenitor identificado por tantos como el culpable por todas las dificultades de la persona. El deseo de Felipe corrige este riesgo. Llamar a Dios: padre no es proyectar en él nuestras vivencia limitada de paternidad sino aprender que significa ser padre. A quien vive la paternidad natural o espiritual Jesús recuerda que el ejemplo y modelo a seguir es el Padre del cielo, el Padre como Jesús mismo lo reveló: Felipe... el que me ha visto, ha visto el Padre. 

Hechas estas premisas me gustaría en este domingo caminar por las once menciones que Jesús hace del Padre-Dios y de cada una rescatar un rasgo del Padre bueno que está en cielo para que lo contemplemos en la oración: 

PRIMERA: en la casa de mi Padre hay muchas habitaciones: el Padre-Dios es generoso, las habitaciones de su morada son muchas y en esta morada Él se pasa el tiempo esperándonos. Puede ser una florecilla pero guardo en la memoria un cuento para la catequesis en el cual un niño de catequesis pregunta al párroco que hizo Dios desde la eternidad hasta el día en que creó el mundo... el buen cura respondió: nos esperó ya amándonos.

SEGUNDA MENCIÓN: nadie va al Padre sino por mi. El camino al Padre-Dios y a su morada con muchas habitaciones es Jesus. Jesús es el camino, el compañero en el camino mismo y va por adelantado – como el pastor sobre que escuchamos el pasado domingo – va por adelantado para esperarnos en la morada de muchas habitaciones junto con el Padre. Conocer a Jesús es conocer el camino, es conocer la guía en el camino es conocer el destino. 

Por eso Jesús dice: Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. (TERCERA MENCIÓN).

Sigue el pedido de Felipe que ya recordamos: Señor, muéstranos al padre y eso nos basta. 
A este pedido Jesús contesta con la que me gustaría pensar una letanía de la paternidad de Dios: 
el que me ha visto ha visto el Padre (4)
o sea conocemos al Padre conociendo la vivencia como hijo de Jesús.

¿Como dices: muéstranos al Padre? (5) o sea el Padre es revelado por Jesús... 

Pero esto no dice lo bastante. Jesús no es solamente el medio de comunicación del Padre sino quien está en el Padre (6) como el Padre está en Él (7). Con la proclamación de esta reciproca presencia del Padre en el Hijo y del Hijo Jesús en el Padre llegamos a las sexta y séptima mención del Padre. Sabemos como en la mentalidad judía el séptimo lugar indicaba la plenitud: la plenitud de la revelación del Padre-Dios es su presencia en Jesús, Jesús el Hijo eternamente presente en el Padre. Otra imagen de catequesis que siempre me ayudó a entender esto: un espejo que reflejara a si mismo o reflejara un otro espejo a poco serviría. Jesús – a revés – es un espejo tan fiel de la paternidad de Dios que el Padre mismo se complace por tanta fidelidad. 

Pasando esta cumbre Jesús confirma que sus palabras son las palabras del Padre (octava mención). 

Un Padre que habita en Jesús (9), está en Jesús (10) y deja que Jesús esté en el Padre mismo (10). 

Para que esta unidad aparezca aún mas clara hay una otra expresión propia de la lógica cultural de Jesús, de Felipe, de Juan autor del Evangelio y de la primera Iglesia que recibió su libro: Las palabras que digo no son mías: el Padre (8) que habita en mi es el que hace las obras. Es la octava mención la que pasa desde la plenitud del 7 al infinito pero al mismo tiempo hay – por lo menos a nuestro oídos – algo desentonado. Jesús habla (palabras... no ...suyas) y el Padre que habita en Él hace... obras. La palabra de Jesús es la obra del Padre. ¿Que significa? Podríamos quedar en una explicación histórica recordando el grande valor que tenía la palabra en el mundo antiguo. La palabra era lo que hoy son los contratos, los títulos de propiedad o crédito, las cartas poder y cuanto mas. En la cultura del Evangelio la palabra no era algo que el viento llevaba sino algo que genera lo que significa. Pero al mismo tiempo nos dice que Jesús no es sencillamente el mensajero del Padre. Con una imagen moderna diríamos el parlante que trasmite un mensaje de otro. Sino Jesús es la palabra mismo del Padre-Dios, en Él, en su vida concreta Dios habla: habla en lo que anuncia, habla en lo que hace, habla en lo que vive, habla en lo que sufre. 

La referencia a la obra de Dios que es Jesús nos devuelve al misterio de la Pasqua que estamos celebrando. Por medio de su pasión y muerte Jesús va, llega, vuelve al Padre-Dios. Se adelanta a nosotros para que el camino quede claro. 

Yo me voy al Padre. Mención doce y cierre de la pagina. 

Buen viaje al Padre Jesús... cuida la morada con muchas habitaciones nosotros te seguimos... acompáñanos. 

domingo, 3 de mayo de 2020

HOMILÍA: Cuarto Domingo de Pascua (3 de mayo de 2020) - Juan 10, 1 – 10.


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El cuarto Domingo de la Pascua nos invita a contemplar a Jesús resucitado por medio de la imagen del pastor. Una imagen que ya en el Antiguo Testamento indicaba la obra de Dios a beneficio de su pueblo, obra muchas veces llevada a cabo por su enviados como profetas, sacerdotes, reyes, sabios. 

Jesús atribuye esta imagen a si mismo. La primera descripción del pastor que es Jesús es ofrecida por contraste con el ladrón y el asaltante. El pastor bueno que es Jesús tiene una voz que las ovejas reconocen, conoce a cada una por su nombre, es confiable porque sabe el camino y por lo tanto va delante para que lo sigan. A revés el ladrón y el asaltante no tiene voz conocida, las ovejas no le siguen sino huyen por el miedo que este suscita.

La autenticidad, la bondad y la confiabilidad del pastor que es Jesús es anunciada por su entrada al corral por la puerta mientras los malos trepan por otro lado. El pastor bueno que es Jesús entra por la puerta anunciado por el guardián que le abre. Su entrada es totalmente respetuosa y por lo tanto confiable, al mismo tiempo su entrada no es solitaria sino preparada, acompañada y facilitada por uno o mas colaboradores como el guardián que Jesús nombra. 

La primera parte del amplio discurso sobre Jesús pastor bueno se enfoca por lo tanto sobre el paso por la puerta del pastor mismo. Puerta que lo diferencia de los malos al punto que Jesús frente a la incomprensión de su oyentes llega a decir dos veces Yo soy la puerta. 

Quisiera en este domingo quedar un momento mas en la contemplación de Jesús Puerta. 

En primer lugar hay como un creciendo en el valor de esta puerta. Al comienzo Jesús habla sobre la puerta como la entrada acostumbrada al corral que garantiza la bondad del pastor. El primero que pasa por la puerta es el Pastor que así se hace conocer y reconocer. Retomando la imagen por lo que no comprendieron Jesús se proclama puerta de las ovejas. Ya no es el solo ni el único que pasa por la puerta sino se identifica con el camino bueno de entrada y salida desde el corral, camino bueno y camino que hace buenos y confiables quienes lo recorren. 

Estamos en frente a la dinámica mas linda y profunda de la misión de Jesús. Lo que hace, dice, muestra, enseña lo hace por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación como dice la forma mas amplia del Credo: por nosotros seres creados y amados por Él. Por nosotros Él pasa por la puerta para que lo reconozcamos bueno y confiable y desea que pasemos por la puerta que es Él mismo para que seamos cada días mas como Él es. La segunda vuelta que repita Yo soy la puerta sus palabras se hacen aún mas clara: quien entra se salvara... encontrará su alimento y por fin tiene vida y vida abundante sabemos que esta abundancia limita con la eternidad.

Llevamos un mes y medio escuchando la invitación quédate en casa y muchas actividades que llevábamos a cabo tranquilamente ahora es mejor que las cerremos atrás de una puerta para protegernos y proteger los demás. Conocemos las dificultades que esto está llevando consigo. Las dificultades practicas como las dificultades mas personales y profundas que van desde la depresión a la violencia sin excluir la vivencias de inutilidad que a veces despiertan la fantasía, a veces la apagan. 
Estos largos días y semanas de aislamiento social están revelándonos algunas faltas que las puertas de nuestras casas pueden conllevar. 
Jesús dice que por la puerta que Él es se entra y se sale, mientras demasiadas veces las puertas de nuestras moradas no eran así versátiles. Se entraba para huir o esconderse de algo o a revés se salía para no asumir las cargas del hogar mismo. Muchos sienten pesadas las puertas de su hogar. Pesada porque no permiten salir y nos dejan con todas las cargas del interior de la casa y de nosotros mismos. Pesadas porque no permiten salir y hasta en forma molesta nos recuerdan cuanto fuimos desagradecidos por muchas cosas que tenemos. Estoy seguro – seguro porque creo en la obra de Dios – que muchos discípulos cuando podrán volver a la Misa y a las demás celebraciones publicas de la Iglesia renovaran el agradecimiento, y lo harán en forma mas autentica, profunda y sincera. 
Pesadas son la puerta de las casas porque non pueden dejar entrar a otros. Cuanto cuesta no visitar a otros, cuando cuesta entrar en espacio compartidos con tapaboca y distancia. Cuanto cuesta no visitar sobre todo lo mas frágiles como ancianos y enfermos. 

¿y si volviéramos en positivo esta imagen de la pesadumbre? 

Al final tomar conciencia del peso de estas cosas anuncia el valor de lo que por un tiempo no podemos compartir. Como en los platos de una balanza hay uno que lleva el material precioso y el otro pesas sin valor ni artístico ni afectivo así puede pasar con la pesadumbre del aislamiento que vivimos. No neguemos que muchas veces sea el plato donde se ponen las pesas pero levantamos la mirada y miramos al valor de lo que balancea. 

La Pascua que recién vivimos nos ha recordado el enfrentamiento entre Jesús pastor bueno y los ladrones y asaltantes que lo hicieron sufrir (como bien recordado por san Pedro en las otras lecturas). Jesús que sella su cena pascual, su Eucaristía una vez mas con la imagen del pastor: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. (Marcos 14, 26) Jesús es un pastor dispuesto a sufrir porque conoce el valor de su rebaño, Jesús sufre con su rebaño para que no pierda la conciencia de su valor. 

El sabio de la biblia Job en una de sus fuertes lamentaciones dice a Dios: ¡Ah, si pudiera pesarse mi dolor y se pusiera en la balanza toda mi desgracia! (Job 6, 2). Renglones después la lamentaciones se abre a la esperanza: Entonces tendría de qué consolarme y saltaría de gozo... por no haber renegado de las palabras del Santo. (Job 6, 10) 
Job o quien escribió y elaboró su historia no conocían a Jesús buen pastor. Nosotros lo conocemos por lo tanto la oración de Job sería aún mas confiada: 

Ah si pudiera pesarse la pesadumbre de todos mis aislamientos... tendría que consolarme... por haber descubierto cuanto vale el don de Dios. 

jueves, 30 de abril de 2020

ORACIÓN DEL ROSARIO en la pandemia de COVID-19 (Mayo 2020)



Hace CLICK en las imágenes y encontrarás como rezar el Rosario (Imágenes de arriba)
o donde escuchar el Rosario (Imagen de abajo).

Al final del ROSARIO ofrece una 
entre estas dos oraciones 
propuestas por el papa Francisco:

Oración a María
Oh María,
tú resplandeces siempre en nuestro camino
como un signo de salvación y esperanza.
A ti nos encomendamos, Salud de los enfermos,
que al pie de la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe.
Tú, Salvación del pueblo romano,
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que lo concederás
para que, como en Caná de Galilea,
vuelvan la alegría y la fiesta
después de esta prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que Jesús nos dirá,
Él que tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo
y se cargó de nuestros dolores
para guiarnos a través de la cruz,
a la alegría de la resurrección. Amén.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

Oración a Maria
«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».
En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.
Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. 
Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.
Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.
Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.
Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.
Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.
Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.
Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.
Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.
Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.
Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. 
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.

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CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A TODOS LOS FIELES PARA EL MES DE MAYO DE 2020

Queridos hermanos y hermanas:
Se aproxima el mes de mayo, en el que el pueblo de Dios manifiesta con particular intensidad su amor y devoción a la Virgen María. 
En este mes, es tradición rezar el Rosario en casa, con la familia. 
Las restricciones de la pandemia nos han “obligado” a valorizar esta dimensión doméstica, también desde un punto de vista espiritual.
 Por eso, he pensado proponerles a todos que redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo.
Ustedes pueden elegir, según la situación, rezarlo juntos o de manera personal, apreciando lo bueno de ambas posibilidades. 
Pero, en cualquier caso, hay un secreto para hacerlo: la sencillez; y es fácil encontrar, incluso en internet, buenos esquemas de oración para seguir.
Además, les ofrezco dos textos de oraciones a la Virgen que pueden recitar al final del Rosario, y que yo mismo diré durante el mes de mayo, unido espiritualmente a ustedes. Los adjunto a esta carta para que estén a disposición de todos.
Queridos hermanos y hermanas: 
Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de abril de 2020
Fiesta de san Marcos, evangelista

Francisco

miércoles, 29 de abril de 2020

Las familias en tiempo de COVID-19 – 3 – Desafío tres y cuatro: RELACIONES/ conclusiones

De Raffaella Iafrate (Universidad Católica de Milán – Italia) 
Desgrabación y traducción desde el Italiano por Marco Bottoni no confirmada por la autora. 

Podríamos ubicar cuatro desafíos que podemos enfrentar con recursos generativos a nuestro alcance. 

Como nos recordó papa Francisco 
no pensemos solamente a lo que falta 
sino al bien que podemos hacer. 


Tercer desafío: 
relaciones intimas. 
La perdida por el Covid19 tiene a que ver con las relaciones mas intimas. 
No se puede consolar con gestos de afectos porque quita el contacto corporal. Quita la experiencia del cuerpo anulando los cinco sentidos que son el contacto con los demás y nos permiten realizar nuestra naturaleza en relación. 
El Covid quita olfato y gusto, obstaculiza el tacto (abrazos, besos, caricias) amenaza el oído y la vista aislando y desarraigando las personas de sus relaciones. Amenaza el ser humano como persona entera hecha por cuerpo y espíritu. 
¿Cual respuesta fecunda frente a este desafío?
Una vez más a las generaciones mas jóvenes se pide contestar a este desafío haciendo visible lo invisible, devolviendo el cuerpo a lo que fue disociado, ayudando la recuperación de la unidad de la persona amenazada por el virus. 
Cuando tacto, olfato, gusto son vetados – por lo menos entre los alejados, mientras no es una casualidad que en los hogares se ha vuelto a cocinar con mucha pasión – devolver un cuerpo a lo que corre el riesgo de no tenerlo es posible con vista y oído. 
Vista y oído que son los sentidos mas frágiles en los mayores. 
Los medios con los cuales sobre todo los jóvenes son mas expertos, las nuevas tecnologías como los celulares, las tabletas, las computadora pero también las formas mas familiares como las fotos, los videos, la música son herramienta preciosas para tener con vida los sentidos... y los mas jóvenes son hábiles en utilizarlos. 
La tabletas para las videollamadas desde los hospitales, hijos y nietos que llaman los padres o los abuelos a la misma hora todos los días, el enfermero que toca guitarra para los internados en un hogar para ancianos, la música cantada y sonada para llenar los silencios son ejemplos de esto. 

Cuarto desafío: 
relaciones sociales.
Vemos por fin una cuarta característica de la perdida Covid. 
Es una perdida que destroza las relaciones sociales. 
No hay ritos sino condena al aislamiento social. 
Se muere sin ritos que desde siempre protegen y donan consolación a la gente porque permiten compartir el dolor. Parece una paradoja, la muerte que en las ultimas décadas fue tan excluida, privatizada, expulsada por la sociedad hoy por si misma se esconde haciendo invisible a los ojos y al corazón el pasaje final de la existencia y subrayado aún mas la ausencia de las relaciones comunitarias. 
Se muere en soledad, sin las redes de parientes y amigos que desde siempre acompañan y son las herramienta que mantiene despierto el agradecimiento por los dones recibidos en la vida. El agradecimiento contrasta la perdida y trasforma hasta el final de la vida en un momento generativo. 
¿Cual la respuesta generativa, el recurso que podemos jugar para responder a este desafío? 
Será importante encontrar formas para ritualizar las perdidas elaborando así los duelos que los ancianos y sus familias vivieron. 
Ahora con los medios posibles: oración, recuerdos compartidos, imágenes enviadas, participación a ritos religiosos en los medios, lecturas para cuidar el espíritu. 
Sobre todo en futuro habrá que pensar celebraciones comunitarias a la memoria. Desde ya hay que fijar fecha (por ejemplo el primer aniversario) para que no sea solamente una intención. 
Los jóvenes y los adultos pueden encontrar otros medios para que los mas ancianos elaboren el duelo. Invitarlos para que se hable de los que han muerto. Cuidar el recuerdo de los que ya no están por medio de la memoria y de la narración puede encarnar y consentir que se vuelva a simbolizar las relaciones. 
La nostalgia puede despertar de vuelta el sufrimiento pero al mismo tiempo hace mas humanos los humanos. 
Cuanto más este cuidado de la memoria es compartido en una familia tanto más se puede ayudar – tanto jóvenes como mayores – a percibir que una perdida es una prueba dura pero las relaciones siguen más allá de la muerte. 

Daniela Hernández,  Conversación (2020).
La profesional Daniela Hernández Daniela Hernández Fotografía logró el primer premio en el concurso “La cuarentena”, organizado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República y en el marco de la emergencia sanitaria que atraviesa nuestro país y el mundo debido al Covid- 19.
Al mismo se presentaron 323 participantes de varios rincones del Uruguay y de otros país del mundo. “Conversación” el registro fotográfico con el que se presentó la profesional, fue captado en el Hogar Frauenverein de Nueva Helvecia.

Concluyendo.
Contestando a estos desafíos el tiempo que vivimos puede ser fecundo. 
Para los mas jóvenes es una oportunidad para entender que la vida no es solo recibir sino también dar y devolver, y así se crece. 
Para la sociedad, nuestra sociedad omnipotente, auto-definida, que piensa poder dominar todo, es una oportunidad para pensar lo que no se suele pensar y entender que los limites y las fragilidades son mas grandes de lo que pensamos. 
En todos esta conciencia puede despertar la pietas (piedad – ser bondadosos) que nace reconociendo la común fragilidad y hace mas iguales y cercanos los seres humanos. 
Termino recordando que esta experiencia es al mismo tiempo familiar y social. 
En las familias como en la comunidad estamos viendo un mundo viejo que deja lugar a un mundo nuevo. Ya tenemos nostalgia de los que han muerto, todavía no sabemos cuanto lo extrañamos ahora y en futuro. Sabemos que el mundo que vendrá será la herencia que nos dejaron. 
En la mano de los mas jóvenes puede estar – esperamos – un futuro mas capaz de reconocer en el limite y en la relación unas dimensiones fundamentales de la vida y de la sobre-vivencia de la humanidad. 
Todo esto marca la diferencia entre lo incompleto del tiempo colgado que el Covid lleva consigo y el todo se ha cumplido (Juan 19, 30) que solamente en la hondura de las relaciones humanas y del objetivo fecundo de la vida y también de su fin se puede y se logra pronunciar.